Silencio a balazos: asesinan al periodista Carlos Castro en Poza Rica mientras Veracruz sigue sin proteger a la prensa
La violencia volvió a imponer su ley en Veracruz. La noche de este jueves, Carlos Castro, reportero especializado en nota policíaca, fue ejecutado a balazos mientras cenaba en un restaurante de su familia, en Poza Rica, al norte del estado. El crimen ocurrió a plena vista, en una zona concurrida y a escasos metros del área universitaria, confirmando que en la entidad informar sigue siendo una actividad de alto riesgo.
Castro, director general del portal digital Código Norte y reportero del medio Enfoque, se encontraba en el restaurante “Troguebirria”, ubicado en la calle 20 de Noviembre, entre las calles 12 y 14 de la colonia Cazones, cuando un grupo armado irrumpió en el establecimiento alrededor de las 19:00 horas y lo atacó de manera directa, según el parte policíaco.
Los agresores, de acuerdo con los primeros reportes, se desplazaban en una motocicleta y atacaron al periodista en un punto conocido por ser lugar de reunión habitual de comunicadores de la zona. Carlos Castro, exreportero del periódico Noreste, no tuvo oportunidad de escapar. El ataque fue preciso, rápido y letal.
Tras el asesinato, autoridades federales y estatales montaron un ostentoso despliegue de fuerzas con elementos de la Marina, Guardia Nacional y policías ministeriales. Sin embargo, como ha ocurrido en otros casos, el ruido del operativo no se tradujo en resultados: hasta el cierre de esta edición, no hay personas detenidas ni información clara sobre los responsables.
El homicidio de Carlos Castro se suma a la larga lista de periodistas asesinados en Veracruz, una entidad marcada por la impunidad y la incapacidad —o falta de voluntad— del Estado para garantizar la libertad de prensa. Mientras los discursos oficiales prometen protección y justicia, los reporteros siguen cayendo bajo las balas, y los crímenes contra la prensa continúan sin castigo.
En Veracruz, ejercer el periodismo no solo incomoda al poder y al crimen organizado: cuesta la vida. Y, una vez más, la justicia llega tarde… o no llega.

