Líderes bajo la lupa: la popularidad global se desinfla rumbo a 2026
La aprobación pública de los líderes políticos vuelve a exhibir una verdad incómoda: el poder se sostiene cada vez menos en resultados y cada vez más en desgaste controlado. A medida que 2025 se apaga, los índices de aprobación revelan un escenario de fatiga social, economías presionadas y liderazgos que ya no convencen, según encuestas de Morning Consult realizadas entre el 8 y el 14 de diciembre.
Narendra Modi aparece en la cima con 71% de aprobación. Es el líder mejor evaluado del planeta, sí, pero incluso él pierde terreno: en enero marcaba 75%. La lectura es clara: ni los líderes más fuertes están a salvo del desgaste que provocan la inflación persistente, el encarecimiento de la vida y el hartazgo político. La popularidad ya no sube; apenas se administra la caída.
Japón, Corea del Sur, Canadá, Austria y Bélgica presumen mejoras, pero no por cambios de fondo. El alza responde a relevos en el poder que sustituyeron a figuras profundamente impopulares. No hay giros estructurales ni soluciones de largo plazo: solo el alivio temporal que provoca un rostro nuevo antes de que empiece el desgaste.
El continente entra a 2026 con líderes arrastrando rechazo. Emmanuel Macron toca fondo: 15% de aprobación y casi 80% de desaprobación, un récord de descrédito para una potencia central de la UE. Keir Starmer en Reino Unido, Friedrich Merz en Alemania y varios líderes nórdicos no superan el 30%. Europa gobierna con legitimidad mínima y paciencia social agotada.
Donald Trump se ubica en la mitad del ranking, con aprobación y desaprobación prácticamente empatadas. No hay mandato claro ni consenso: el país sigue polarizado, atrapado en una disputa permanente que impide estabilidad política real.
El mensaje es contundente: la era de los líderes ampliamente respaldados se encoge. La aprobación ya no es capital político, es un indicador de supervivencia. De cara a 2026, el mundo no avanza con entusiasmo, sino con resignación. Y los gobiernos lo saben.

Sheinbaum, bien posicionada pero ya bajo presión
En ese tablero global de popularidades en declive, Claudia Sheinbaum aparece en una posición relativamente sólida, ubicada en la parte alta del ranking internacional, muy por encima de la mayoría de los líderes europeos y claramente mejor evaluada que varios mandatarios de economías desarrolladas.
Sin embargo, su lugar no debe leerse como un cheque en blanco. Aunque mantiene un nivel de aprobación alto en comparación internacional, Sheinbaum no escapa a la tendencia general: el respaldo ya no crece, se contiene. La presidenta mexicana gobierna con el arrastre político de su antecesor, pero enfrenta el mismo desgaste que afecta al resto del mundo: presión inflacionaria, inseguridad persistente y expectativas sociales elevadas que chocan con resultados limitados.
A diferencia de Europa —donde varios líderes ya gobiernan con rechazo abierto—, Sheinbaum aún conserva margen político, pero ese margen es frágil. Su aprobación, más que entusiasmo, refleja esperanza condicionada y una base que observa con atención si el discurso de continuidad se traduce o no en mejoras reales.
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