Fuera de la Caja
Sin cambio
Macario Schettino | @macariomx
El Inegi nos dice, en su Indicador Oportuno de Actividad Económica, que el primer trimestre de este año tuvimos un crecimiento anual de 0.5%. Eso es más o menos lo mismo que tuvimos en enero, de forma que no se percibe cambio alguno relevante.
Es importante mencionar que los indicadores oportunos del Inegi han tenido algunas dificultades en los últimos tiempos, no debido a la institución, sino a variaciones en el comportamiento de la economía que tienen su origen en la política. Por ejemplo, en la primera mitad de 2024 hubo incrementos extraordinarios en reparto de efectivo (ya sabe usted, para ganar las elecciones) que se reflejaron en cambios en el consumo imposibles de predecir. Ese impacto se notó todavía durante 2025. En ese año, por otra parte, las decisiones de las empresas estadounidenses, tratando de torear los aranceles de Trump, provocaron movimientos abruptos en el comercio exterior de México. Se trata de ajustes mensuales 100 veces mayores de lo normal; no es cosa menor. Con ese tipo de variaciones, los métodos de pronóstico no pueden lidiar, así que nada más hay que tomar la información oportuna con un poco más de cuidado de lo normal.
Para el mes de febrero ya tenemos información de la industria, y el pronóstico del Inegi para los servicios no es descabellado. Tal vez un poco optimista, si comparamos con otras fuentes de información, pero nada fuera de lo normal. En marzo, ya con la guerra de Irán en curso, es posible que hayamos tenido algo de desaceleración adicional; ya lo sabremos.
Lo que creo que es importante es que, si este primer trimestre de 2026 efectivamente cierra con un crecimiento de medio punto, entonces se confirma lo que esta columna ha insistido: estamos en un estancamiento crónico. Lo comento porque algunos colegas han propuesto otra interpretación. De acuerdo con ellos, la caída que vimos durante el primer año de la actual administración respondía a que así ocurre siempre en el primer año de gobierno. Para demostrarlo, revisaron otros sexenios en los que esto ocurrió y concluyeron que, a partir del cuarto trimestre de 2025, veríamos una recuperación.
Ese trimestre efectivamente fue fuerte. Entre octubre de 2024 y octubre de 2025, el crecimiento fue prácticamente cero (bueno, 0.1%), pero el cuarto trimestre del año pasado alcanzamos 1.6%. Con base en eso, estimar algo similar para 2026 parecía muy razonable, e incluso se podía ser optimista e intentar acercarse al 2.3% que Hacienda usó como base para su presupuesto.
Pero, si esta columna tiene razón, lo que vimos en ese cuarto trimestre fue un espejismo motivado por el tipo de cambio, que, después de haberse movido de 16.80 pesos por dólar en mayo de 2024, alcanzó 20.56 en enero de 2025, desde donde empezó su descenso. En julio, el dólar nuevamente costaba menos de 19 pesos y, desde octubre, menos de 18.50. Las compras atrasadas (porque recuerde que casi todo el crecimiento del consumo en los últimos ocho años ha sido de bienes importados), el cierre del año, nos dieron una pequeña burbuja.
Ciertamente, así como el último trimestre del año pasado puede interpretarse como atípico y producto del dólar barato y las compras atrasadas, así podríamos pensar que este primer trimestre de estancamiento es lo inusual, y que el resto del año mostrará una reactivación. Lo dudo, no solo por lo ocurrido en el año previo, sino porque tenemos inversión deprimida (en el caso del gobierno, hundida), porque no se percibe fortaleza en el consumo y porque lo único que nos mantuvo con movimiento el año pasado, el sector externo, está ahora bajo una presión, esa sí, atípica. Esta columna sigue pensando que el crecimiento promedio que tendremos hasta mediados de 2027 será el mismo que hemos tenido desde mediados de 2024, es decir, 0.5% anual. Si cambia algo, les aviso.
Este artículo se publicó originalmente en El Financiero, se reproduce con la autorización del autor.

