Fracasa reforma electoral de Claudia Sheinbaum en San Lázaro: ni con la 4T alcanzó los votos
La reforma electoral impulsada por la presidenta Claudia Sheinbaum sufrió este miércoles un revés político en la Cámara de Diputados al no alcanzar la mayoría calificada necesaria para modificar la Constitución, evidenciando fracturas incluso dentro del bloque que durante años presumió control absoluto del Congreso.
Sin debate previo en el pleno, la iniciativa presidencial apenas consiguió 259 votos a favor, provenientes principalmente de la bancada de Morena y de algunos legisladores del Partido Verde Ecologista de México. La cifra quedó muy lejos de los 334 votos requeridos para aprobar cambios constitucionales.
En contraste, 234 diputados votaron en contra y se registró una abstención, en una votación que terminó por sepultar la propuesta electoral de la mandataria.
El rechazo no solo vino de la oposición —integrada por PAN, PRI y Movimiento Ciudadano—, sino también de aliados tradicionales de la llamada Cuarta Transformación, como el Partido del Trabajo y el propio PVEM, que terminaron votando en contra del dictamen en su mayoría.
Entre los pocos legisladores del Verde que respaldaron la reforma estuvieron Denisse Guzmán González, Blanca Hernández Rodríguez, Hilda Licerio Valdés, Mario López Hernández, Iván Rangel Marín, Alejandro Pérez Cuellar, Anabel Díaz Acosta, José Brana Mojica, Carlos Canturosas, Manuel Cota Cárdenas y Ruth Maricela Silva.
Por el lado del PT, el único respaldo registrado fue el voto de Jesús Roberto Corral, en un escenario que dejó claro que el bloque oficialista ya no opera con la disciplina política que caracterizó al sexenio anterior.
La sesión estuvo marcada más por los posicionamientos políticos que por el análisis de la propuesta. Desde la tribuna, los coordinadores parlamentarios fijaron postura sobre una reforma que terminó desfondada antes siquiera de entrar a una discusión de fondo.
El coordinador de Morena en la Cámara de Diputados, Ricardo Monreal, intentó contener el daño político y lanzó un llamado a la unidad entre los aliados del oficialismo, además de exhortarlos a reactivar la agenda legislativa y cerrar filas rumbo a las elecciones de 2027 y 2030.
El resultado, sin embargo, deja un mensaje claro en San Lázaro: la reforma electoral de la presidenta no logró convencer ni siquiera a todos sus aliados, y el bloque gobernante comienza a mostrar grietas en uno de los temas más sensibles para el poder político.

