De autodefensa a capo criminal: el Estado llega tarde al asesinato del líder limonero en Michoacán
La Fiscalía de Michoacán informó el procesamiento de César Alejandro “N”, alias El Botox, por su presunta participación en el homicidio del líder limonero Bernardo Bravo, asesinado el 19 de octubre de 2025. El anuncio, presentado como avance judicial, en realidad exhibe la profundidad del fracaso institucional en una región donde el crimen organizado gobierna desde hace años con violencia e impunidad.
La audiencia se realizó de manera virtual porque el imputado permanece recluido en el penal federal de máxima seguridad “El Altiplano”, un detalle que subraya la gravedad del personaje… y al mismo tiempo la tardanza del Estado. El Botox no era un desconocido: acumulaba seis órdenes de aprehensión desde 2020, por delitos que van desde secuestro y extorsión agravada hasta homicidio calificado. Aun así, operó libremente, construyó poder territorial y asesinó a uno de los principales líderes del sector limonero sin que ninguna autoridad lo detuviera a tiempo.
La fiscalía sostiene que César Alejandro “N” fue autor intelectual y material del crimen, perpetrado en su propio rancho, donde la víctima habría sido golpeada y ejecutada. El mensaje criminal fue claro: quien se resista a la extorsión en Tierra Caliente paga con la vida. El mensaje del Estado, en cambio, llegó tarde y reducido a un comunicado.
El caso también deja al descubierto una de las heridas más profundas de Michoacán: exintegrantes de grupos de autodefensa convertidos en jefes de cárteles, ahora aliados del CJNG, Los Viagras y el Cártel de Acahuato. La línea entre “defender al pueblo” y someterlo terminó borrada bajo la complacencia, omisión o incapacidad gubernamental.
Prisión preventiva, cuatro meses de investigación y promesas de justicia no devuelven la vida a Bernardo Bravo ni garantizan seguridad a los productores. En Michoacán, el crimen organizado no solo mata: manda. Y el Estado, una vez más, llega después del funeral.

