Nacional

Muere un vaso regulador y nadie lo explica: el olvido de las lagunas urbanas de Villahermosa

No es una charca abandonada. Es un cuerpo lagunar, un vaso regulador natural y una de las últimas áreas verdes funcionales de una colonia popular de Villahermosa, como lo es las Gaviotas Norte. Hoy está seco. Cubierto de maleza, lirio invasor, llantas, plásticos y escombro. Los lagartos moreletti-especie emblemática de Tabasco- y la fauna asociada como garzas, hicoteas y mojarras nativas han migrado o mueren atrapados entre el lodo agrietado que es ahora la Laguna la Encantada.

Y ocurre a unos metros de los parques “Chamaco Leyva” y “Domingo Colin” donde todas las mañanas decenas de familias llegan a hacer ejercicio, a correr y a llevar a sus hijos. Respiran junto a un ecosistema que se pudre y nadie en el gobierno ha emitido un dictamen.

El análisis: No es sequía, es abandono sistémico durante más de un año.

Expertos consultados coinciden en que un cuerpo lagunar urbano no se seca «de la noche a la mañana» sin una causa estructural.

El fenómeno responde a tres factores combinados, comunes en Villahermosa:

1. Asfixia hídrica: Azolve por falta de desazolve programado, ruptura del flujo hidráulico natural por construcciones irregulares, rellenos hormiga y conexiones clandestinas de drenaje que tapan sus afluentes. Villahermosa está sobre una red de lagunas interconectadas; si cierras una vena, la otra se seca.

2. Estrangulamiento urbano: La presión inmobiliaria y la falta de ordenamiento territorial. Cada metro de maleza que se deja crecer sin manejo se interpreta como tierra ociosa y termina como basurero a cielo abierto.

3. Muerte biológica: Cuando el espejo de agua baja, se dispara la eutrofización. La basura orgánica e inorgánica genera nutrientes que alimentan a la maleza invasora, que a su vez consume el oxígeno del agua. Sin oxígeno, no hay fauna. El lagarto, especie indicadora, es el primero en irse. Su ausencia es el termómetro de que el ecosistema ya colapsó.

El problema no es estético. Un cuerpo lagunar seco deja de ser un vaso regulador de inundaciones -vital para Tabasco- y se convierte en foco de infección, criadero de mosquitos y punto de emisión de metano por la descomposición de materia orgánica.

¿Quién debería estar cuidando esto y no lo hace?

La omisión es compartida y por eso es grave. A nivel estatal, no es competencia de una sola oficina:

– Secretaría de Bienestar, Sustentabilidad y Cambio Climático de Tabasco [SBSCC]: Es la rectora ambiental del estado. Debe emitir dictamen de daño ambiental, inventario de flora y fauna afectada y coordinar la restauración ecológica.

– Comisión Estatal de Agua y Saneamiento [CEAS]: Responsable de la infraestructura hidráulica y de garantizar que el cuerpo lagunar no esté siendo taponeado por descargas de aguas negras o desvíos.

– Ayuntamiento de Centro, a través de la Dirección de Protección Ambiental y Desarrollo Sustentable y Obras Públicas: Primer respondiente. Le toca el desazolve, el manejo de residuos sólidos, evitar tiraderos clandestinos y clausurar rellenos ilegales. También la declaratoria de área natural protegida municipal.

– CONAGUA y PROFEPA: CONAGUA por ser Aguas Nacionales. PROFEPA para investigar delito ambiental por daño a vida silvestre protegida como el cocodrilo de pantano.

– Instituto de Protección Civil del Estado: Debe incluir el cuerpo lagunar en el Atlas de Riesgo. Un vaso regulador seco aumenta el riesgo de inundación de toda la colonia.

Hasta hoy, ninguna de estas instancias ha colocado un letrero, una cinta de acordonamiento, un estudio o una cuadrilla de rescate.

La pregunta que deja este caso no es solo ambiental. Es de gobernanza: ¿cuántas lagunas más tienen que convertirse en basureros secos para que el Estado entienda que en Villahermosa proteger un cuerpo lagunar es proteger la vida de la gente que vive alrededor?

Mientras, los vecinos de las gaviotas norte y explanada siguen corriendo cada mañana junto a un ecosistema que muere en silencio.

Corresponsal: R.M.