Nacional

Tabasco se convierte en epicentro del conflicto petrolero: lidera bloqueos a pozos en todo el país

Lo que en 2023 parecía una tregua, hoy exhibe el fracaso de una estrategia que apostó millones sin resolver el fondo del conflicto. En Tabasco, la joya petrolera del país, los bloqueos contra instalaciones de Petróleos Mexicanos no solo regresaron: se multiplicaron hasta devolver al estado al vergonzoso primer lugar nacional.

Los números no mienten. En 2023, apenas 10 bloqueos colocaban a la entidad en cuarto sitio. Un año después, en 2024 —el cierre del sexenio— la cifra se disparó a 105 casos de un total de 175 a nivel nacional. Para 2025, el patrón se repitió: 98 de 198 bloqueos ocurrieron en territorio tabasqueño. Y el arranque de 2026 no ofrece respiro: 13 de 17 incidentes en todo el país se concentraron ahí.

En paralelo, Pemex presume inversión social. Más de mil 807 millones de pesos entre 2023 y 2025 destinados —según la narrativa oficial— a comprar estabilidad mediante programas comunitarios y ambientales. Tan solo en Tabasco, el flujo de recursos fue creciente: 529 millones en 2023, 612 millones en 2024 y 665 millones en 2025. Dinero público para “licencia social” que, en los hechos, no logró evitar que una de cada dos protestas en el país se concentre en el mismo estado.

El contraste es brutal: más dinero, más bloqueos. La ecuación que el gobierno vendió como solución —transferencias a cambio de gobernabilidad— hoy se desmorona. La promesa hecha en 2018 de que la renta petrolera traería desarrollo y paz social se estrella contra la realidad de comunidades que siguen cerrando válvulas, frenando operaciones y presionando a la empresa productiva del Estado.

En total, entre 2023 y enero de 2026, se contabilizan 455 bloqueos en el país; 226 ocurrieron en Tabasco. No es una anomalía: es un patrón. Y detrás de él, una estrategia que parece más enfocada en administrar el conflicto que en resolverlo.

La reactivación del PACMA en 2026 —el programa de apoyos comunitarios— confirma la apuesta oficial: más recursos, más obras, más contención. Pero los datos sugieren otra cosa. El problema no era la falta de dinero. Era la falta de resultados.

Mientras Pemex sigue abriendo la cartera, Tabasco sigue cerrando el paso. Y en medio, una política pública que gasta como si comprara paz… pero solo financia inconformidad.

Con información de El Heraldo de Tabasco.

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