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Chapopote “recolectado” vuelve a contaminar: abandono de residuos exhibe fallas y omisiones en Veracruz

Veracruz. — Lo que se presentó como un avance en la limpieza tras el derrame en el Golfo de México terminó convertido en un nuevo foco de contaminación. A un día de las denuncias de pescadores, comerciantes y activistas, cientos de bolsas con chapopote permanecen abandonadas en playas de Alvarado y Pajapan, evidenciando fallas en la coordinación institucional y un manejo deficiente de residuos peligrosos.

Fuentes ambientales señalaron directamente a la Protección Civil de Veracruz como responsable de articular el retiro de los desechos, una tarea que, hasta ahora, no se ha cumplido de forma efectiva. De acuerdo con estas versiones, la dependencia debió asegurar el resguardo inmediato del material, delimitar zonas de acopio y coordinar su traslado a sitios autorizados, acciones básicas que no se ejecutaron.

En campo, la escena contradice los reportes oficiales: bolsas rotas, semienterradas o abiertas, expuestas al oleaje, han permitido que el hidrocarburo vuelva a dispersarse en la costa. Imágenes captadas en zonas como La Escollera y comunidades de Pajapan muestran montones de residuos sin control, algunos ya reintegrados al entorno natural.

“¿De qué sirve que lo hayan juntado si lo dejaron ahí y ya se volvió a regar?”, cuestionó Esmeralda Martínez Uscanga, dirigente de la Cooperativa de Pescadores Unidos de La Trocha, al señalar la falta de seguimiento en las labores de contención.

Las denuncias contrastan con el informe de la Secretaría de Marina, que el pasado 5 de abril reportó la recolección de más de 894 mil kilos de hidrocarburo. Sin embargo, en tierra, la acumulación sin control de estos residuos plantea una pregunta incómoda: ¿de qué sirve retirar el contaminante si termina abandonado en la misma costa?

El problema se agrava por la ambigüedad en las responsabilidades. Mientras el marco estatal faculta a Protección Civil para coordinar emergencias ambientales, la legislación federal establece que el manejo final de residuos peligrosos corresponde al generador del contaminante y a empresas autorizadas, lo que ha derivado en un vacío operativo que, en los hechos, se traduce en omisión.

El activista Juan Carlos Atzin advirtió que mantener estos desechos a la intemperie no solo prolonga el daño, sino que amplía el riesgo: contaminación del aire, del suelo y del agua, en una zona donde la actividad pesquera ya resiente los efectos.

Mientras tanto, la limpieza en alta mar continúa, pero en las playas el problema sigue a la vista: residuos que debían retirarse con urgencia permanecen expuestos, revirtiendo parte del esfuerzo inicial y dejando en evidencia una gestión fragmentada, donde las responsabilidades se diluyen y el impacto ambiental persiste.

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