Política

Sheinbaum lanza “plan B” electoral tras derrota en el Congreso; insiste en consultas y revocación ampliada

La presidenta Claudia Sheinbaum presentó este jueves su llamado “plan B” de reforma electoral, luego de que su iniciativa original fuera rechazada por un amplio margen en la Cámara de Diputados, una derrota legislativa que evidenció los límites políticos del oficialismo fuera de su propio bloque.

Durante su conferencia matutina, la mandataria anunció que volverá a enviar una nueva propuesta al Congreso el próximo lunes, ahora con ajustes que, según dijo, buscan “disminuir privilegios” en congresos locales y ayuntamientos, además de fortalecer mecanismos de consulta popular.

Sin embargo, la nueva propuesta mantiene elementos sensibles del proyecto original, entre ellos la posibilidad de someter a consulta temas electorales, como la reducción del financiamiento público a los partidos políticos, así como ampliar el periodo para realizar la revocación de mandato, que podría aplicarse en el tercer y cuarto año de gobierno.

Sheinbaum defendió su primera iniciativa —que fracasó en el pleno— al insistir en que su objetivo es “acabar con los privilegios” y reducir el gasto público en los partidos.

“Nuestro objetivo siempre fue acabar con el régimen de corrupción y privilegios… todavía quedan áreas en México de privilegios de funcionarios públicos que reciben recursos públicos y que son excesivos”, sostuvo.

Pero más allá del discurso presidencial, la votación dejó al descubierto la falta de respaldo político. La reforma solo obtuvo los votos de Morena, 12 legisladores del Partido Verde y uno del PT, muy lejos de la mayoría calificada necesaria para modificar la Constitución.

La propia presidenta reconoció que sabía de antemano que su propuesta no prosperaría, aunque aseguró que pidió que se votara para cumplir con su promesa de campaña.

“Ya sabíamos que no se iba a votar… insistí a los diputados que se votara porque cumplí con la gente”, afirmó.

El episodio deja un mensaje claro en el tablero político: el oficialismo puede dominar el discurso, pero no necesariamente las reformas constitucionales. Mientras tanto, el llamado “plan B” parece más un intento de reposicionar una agenda que ya fue frenada en el Congreso, que una señal de consenso o negociación real con la oposición.

El nuevo proyecto llegará al Congreso la próxima semana, con el mismo telón de fondo: polarización política, acusaciones de control electoral y un oficialismo decidido a insistir, aun después del revés legislativo.