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Bajo el humo de la Refinería Olmeca en Dos Bocas: bebés enfermos y abortos mientras el gobierno presume “soberanía”

“Nos están matando lentamente”. La frase no es metáfora ni consigna política. Es el grito de una comunidad que vive frente a la refinería de #DosBocas y que, entre emisiones contaminantes, ruido industrial y llamaradas constantes del mechero, denuncia una tragedia sanitaria que golpea directamente a mujeres embarazadas y recién nacidos.

El Centro Mexicano de Derecho Ambiental (CEMDA) documentó que durante la mitad de los días de enero pasado, la calidad del aire en los alrededores del complejo superó los parámetros recomendados por la Organización Mundial de la Salud (OMS). No se trata de percepciones: son mediciones que apuntan a niveles de contaminación por encima de lo considerado seguro para la salud humana.

Quienes no necesitan leer reportes técnicos son los habitantes de la Isla “Andrés García”, una comunidad de apenas 300 familias ubicada frente al complejo industrial. Ahí, el aire se respira pesado, el ruido no cesa y el mechero —donde se queman millones de metros cúbicos de gas al aire libre— ilumina las noches con una llamarada permanente.

Doña Guillermina Córdova no habla de estadísticas, sino de tragedias personales. En su familia —sus hijas, su nuera, su sobrina— los embarazos se han convertido en episodios de angustia. Partos prematuros, bebés que nacen enfermos, malformaciones, pérdidas gestacionales. “Rara es la mamá que tiene su bebé y que nace bien; la mayoría están naciendo mal, y las mamás que se embarazan no lo logran, los abortan”, denuncia.

En una población donde todos se conocen, el aumento de enfermedades no pasa desapercibido. Las historias se repiten casa por casa. Lo que antes eran casos aislados, hoy se perciben como una constante alarmante.

Mientras el gobierno presume soberanía energética y cifras de producción, en la orilla del proyecto insignia crece otra estadística: la de familias que aseguran estar pagando con su salud el costo ambiental de la refinería. “Es la contaminación del aire; eso nos está afectando y nos está matando lentamente”, acusa Guillermina.

La pregunta que flota, más allá del discurso oficial, es incómoda: ¿quién asume la responsabilidad cuando el progreso industrial se traduce en cunas vacías?

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