Reaparece el gobernador de Tabasco, Javier May: sin transparencia, sin explicaciones y con el mismo discurso polarizante
Villahermosa, Tabasco. — Después de tres días de ausencia, silencio institucional y versiones contradictorias, el gobernador de Tabasco, Javier May Rodríguez, reapareció en un video grabado en los jardines del palacete que ordenó reconstruir a orillas de la Laguna de las Ilusiones.
Demacrado y sin las camisas “Maja” que había convertido en uniforme político —símbolo de su cercanía con el grupo de Andrés Manuel López Beltrán—, May evitó la frase que repetía con insistencia: “estoy al 100”. Esta vez se limitó a un ambiguo “estoy muy bien” y aseguró que “está de vuelta”, sin explicar de dónde.
La denuncia, viralizada en redes por el comunicador Audelino Macario, ha encendido las alarmas políticas: mientras el titular del Ejecutivo sigue ausente y sin rendir cuentas, su equipo saca comunicados tibios y contradicciones sobre su salud que más parecen un intento patético por maquillar una crisis de gobernabilidad
No hubo parte médico. No hubo hospital confirmado. No hubo aclaración sobre una posible cirugía.
La versión sobre una intervención en la clínica particular Guadalupe nunca fue transparentada ni desmentida con documentos. La ciudadanía, otra vez, quedó relegada a la especulación mientras el gobierno optó por el hermetismo.
Pero si algo no cambió fue el tono. En lugar de ofrecer explicaciones claras sobre su estado de salud y la continuidad del gobierno, May optó por la confrontación: calificó a sus críticos como “enemigos del desarrollo”, reforzando la narrativa binaria que ha marcado su administración.
El mensaje no es menor. En un estado polarizado, señalar a periodistas y opositores como adversarios del progreso no es inocente. Es combustible. Y sus efectos ya se sienten: voces críticas han sido acusadas incluso de “desearle la muerte” al mandatario. El discurso oficial, una vez más, genera el clima y luego se lava las manos.
La escena fue cuidadosamente montada: jardines impecables, entorno privilegiado, tono controlado. Pero la ausencia de información sustantiva eclipsó cualquier intento de normalidad. El gobernador volvió, sí, pero volvió sin rendir cuentas.
La crisis no era médica. Era política. Tres días sin explicaciones en la titularidad del Ejecutivo no son un asunto privado; son un tema de gobernabilidad. El problema no es una vesícula. El problema es la opacidad.
Y si algo quedó claro tras su reaparición es que Javier May sigue fiel a su estilo: confrontación antes que transparencia, propaganda antes que rendición de cuentas. En Tabasco, el silencio oficial dura días; la polarización, en cambio, es permanente.

