“México está cansado de vivir con miedo”: Coparmex revienta al Gobierno por permitir que la extorsión domine al país
En un mensaje que exhibe con crudeza la realidad que el Gobierno federal insiste en minimizar, Juan José Sierra, presidente nacional de Coparmex, lanzó una advertencia incómoda: México está harto. Hartos los empresarios, hartas las familias, harto un país entero que vive entre miedo, incertidumbre y un Estado cada vez más ausente.
“La extorsión es el delito que tiene de rodillas a miles de empresarios en el país”, sentenció Sierra durante su pronunciamiento más contundente en meses. Una frase que desnuda un deterioro institucional que el gobierno de Claudia Sheinbaum no ha sabido —o no ha querido— enfrentar.
Sierra no habló de percepciones ni de “narrativas”, habló de cifras: 8,585 víctimas de extorsión en lo que va del año, un incremento de 5.2%. En los 43 municipios fronterizos, el delito se disparó 15.2%. Los criminales cobran, ordenan, cierran, deciden. Y el Estado, en demasiados puntos del país, simplemente no aparece.
El presidente de Coparmex describió una radiografía brutal: la extorsión dejó de ser un delito aislado para convertirse en una estructura de control económico y político, un sistema paralelo que gobierna, cobra y castiga a su antojo. Una estructura criminal que define quién trabaja, quién invierte y quién se va. Un país administrado por el miedo.
“Sin presencia del Estado, sin justicia, sin protección, no hay libertad económica ni convivencia posible”, advirtió. Y tiene razón: la expansión del cobro de piso es la evidencia más dura del colapso institucional. Un crimen que crece sin freno, sin consecuencia y, peor aún, sin una respuesta proporcional del gobierno.
Sierra lanzó un llamado directo, sin rodeos:
—Al Gobierno Federal: encabezar una estrategia nacional contra la extorsión, que trascienda ciclos políticos y acabe con las redes de colusión que alimentan la impunidad.
—A congresos y autoridades locales: armonizar leyes y presupuestos para enfrentar un delito que hoy opera como una industria criminal.
La advertencia es clara: México no puede seguir viviendo de rodillas mientras el Estado mira hacia otro lado. Y el mensaje es aún más claro: “Este delito debe tratarse con la prioridad que merece”.
Porque cuando son los criminales quienes deciden quién abre, quién cierra y quién trabaja, el país ya no sólo está cansado… está al borde del colapso.
Con información de Reforma.

