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Racismo impune y discurso oficial: #LadyRacista exhibe el clasismo cotidiano que la CDMX prefiere maquillar con campañas

La viralización de los insultos racistas que Ximena Pichel, ciudadana argentina, lanzó contra un policía de tránsito en la colonia Hipódromo Condesa —llamándolo “pinche negro”, “naco” y amenazándolo con golpes— ha encendido la indignación pública, pero también deja al descubierto la normalización de actitudes discriminatorias en la capital del país.

El policía, humillado públicamente mientras cumplía con su labor de aplicar un inmovilizador por falta de pago en parquímetro, finalmente presentó una denuncia ante la Fiscalía de Justicia de la CDMX y el Copred, con respaldo de la SSC. Mientras tanto, la jefa de Gobierno, Clara Brugada, anunció su condena a los hechos y prometió lanzar una campaña de concientización “para evitar estas prácticas”.

Pero más allá del gesto oficial y la promesa de “campañas”, lo cierto es que este episodio confirma lo que muchos padecen de forma cotidiana en la ciudad más grande del país: un racismo profundamente arraigado, especialmente hacia policías, trabajadores de servicios y poblaciones racializadas. Un racismo que no necesita banderas extranjeras para existir, aunque esta vez sea una mujer extranjera la que exponga su crudeza frente a una cámara.

Resulta insuficiente y hasta cínico que la respuesta institucional se limite a acompañar al policía para la denuncia o a ofrecer talleres y carteles de “sensibilización”, cuando la misma autoridad suele perpetuar desigualdades y actitudes clasistas. La violencia verbal que sufrió el agente de tránsito no es un caso aislado, sino la punta de un iceberg que involucra desigualdad, impunidad y complicidad social.

El Código Penal de la CDMX prevé sanciones de uno a tres años de prisión por discriminación, pero rara vez se ven sentencias firmes. La propia narrativa institucional suele quedarse en el terreno simbólico: hashtags, condenas en redes y fotos con consignas de tolerancia. Mientras tanto, la víctima debe soportar la carga de la denuncia, el linchamiento mediático y la burocracia judicial.

El caso de #LadyRacista debería ser un parteaguas para aplicar con rigor la ley y desmontar el racismo estructural que se disfraza de cortesía en zonas gentrificadas como la Condesa, donde algunos se sienten con derecho a insultar al trabajador público por su color de piel o su uniforme.

Si la administración de Clara Brugada quiere de verdad erradicar la discriminación, debe empezar con políticas públicas reales: justicia efectiva para la víctima, sanción ejemplar para la agresora y un combate frontal al clasismo que permea en la vida cotidiana de la Ciudad de México.

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