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Análisis

Tecno-feudalismo

Boris Berenzón Gorn | @bberenzon

En Tecno-feudalismo: El sigiloso sucesor del capitalismo, Yanis Varoufakis ofrece una visión audaz y desafiante del futuro económico y social, poniendo en cuestión las convenciones prevalentes sobre la evolución del capitalismo en la era digital.

A diferencia de la mayoría de los economistas contemporáneos, que anticipan una transformación o renovación del sistema capitalista, Varoufakis sostiene que estamos siendo testigos de su desaparición gradual, sustituido por una nueva estructura económica y social que, por su naturaleza, se asemeja más al feudalismo medieval que a cualquier modelo económico moderno.

Varoufakis no solo diagnostica la situación actual, sino que lleva a cabo una reflexión filosófica e histórica sobre los cimientos de la economía global. Según él, el capitalismo ha dejado de ser una fuerza expansiva y transformadora, y está siendo reemplazado por una reconfiguración radical impulsada por la tecnología y la digitalización. Esta reconfiguración da paso a una nueva estructura social, que, al igual que el feudalismo, concentra el poder y la riqueza en pocas manos, dependiente de las masas y explotada por las grandes corporaciones tecnológicas.

El concepto de tecno-feudalismo describe cómo gigantes tecnológicos como Google, Amazon, Facebook y Apple no solo dominan sectores clave de la economía global, sino que han alcanzado un poder que trasciende lo económico, extendiéndose a lo político. Estas empresas controlan no solo el acceso a bienes y servicios, sino también los flujos de información, la comunicación y la organización de la vida cotidiana de millones de personas. Si en el feudalismo medieval los señores feudales dominaban la tierra y los recursos naturales, en el tecno-feudalismo los “señores” controlan los datos, las plataformas tecnológicas y la infraestructura digital que estructuran nuestra realidad.

Lo más alarmante de este análisis es la centralización del poder en manos de unos pocos actores globales. Así como los señores feudales dependían de la fuerza de trabajo no libre para cultivar la tierra y generar riqueza, las grandes corporaciones tecnológicas dependen de una economía globalizada que explota a trabajadores en condiciones precarias, muchas veces sin posibilidad de participar en los frutos de esa riqueza. El trabajo en plataformas digitales, la automatización y el uso de algoritmos para controlar el mercado laboral son algunas de las formas en que este “nuevo feudalismo” se materializa, erosionando las bases de la democracia y los derechos laborales.

Desde una lectura filosófica, Varoufakis invita a revisar los legados de pensadores como Karl Marx y Max Weber, quienes profundizaron en la concentración del poder en manos de las élites económicas. Marx, al criticar el capitalismo, describió cómo el control de los medios de producción por una clase dominante conduce a la explotación y alienación de la clase trabajadora. Si bien el capitalismo moderno ha favorecido el progreso en la producción y distribución de bienes, también ha exacerbado la desigualdad y concentrado el poder en unos pocos. Este *tecno-feudalismo* no es solo una reconfiguración económica, sino también un fenómeno que responde a nuevas formas de dominación, a menudo invisibles para la mayoría de quienes viven bajo su influencia.

En este contexto, los derechos digitales adquieren una relevancia crucial. A medida que las grandes corporaciones tecnológicas consolidan su poder, las libertades individuales y colectivas asociadas al acceso, uso y control de la información digital se ven cada vez más amenazadas. En un capitalismo que se reconfigura hacia el tecno-feudalismo, la protección de los derechos digitales se convierte en un cimiento básico para preservar la autonomía de los individuos frente al creciente control corporativo. La privacidad de los datos, la neutralidad de la red, la libertad de expresión y el derecho a la desconexión son algunos de los derechos fundamentales que corren el riesgo de ser socavados en un entorno donde las empresas tecnológicas se convierten en árbitros de la realidad digital.

Es imperativo reconocer que estos derechos no son meramente cuestiones legales o políticas, sino también económicas. La capacidad de las personas para acceder a la información sin restricciones y participar de manera equitativa en la economía digital está siendo amenazada por un modelo que permite a las grandes corporaciones acumular el poder necesario para moldear el acceso a los bienes y servicios tecnológicos según sus propios intereses. Así, la defensa de los derechos digitales se convierte en una lucha por evitar que el sistema económico se convierta en un mecanismo de exclusión y control, impidiendo una participación libre y justa en la sociedad digital.

En cuanto a la solución que Varoufakis propone, no se limita a una crítica del sistema, sino que constituye una llamada urgente a la acción para que los ciudadanos se involucren en la creación de nuevas formas de gobernanza económica que permitan un control democrático de la tecnología. En este sentido, su propuesta subraya la necesidad de rediseñar las instituciones que rigen la economía global, a fin de evitar que el poder se concentre aún más en manos de unos pocos. Para Varoufakis, esta intervención democrática es la única manera de evitar que el tecno-feudalismo se consolide como un sistema más profundo y duradero, perpetuando las desigualdades sociales y políticas.

Este artículo se publicó originalmente en El Sol de México, se reproduce con la autorización del autor.

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