De alcalde de “territorio” a dueño de la calle: vecinos acusan abusos de seguridad de Pedro Miguel Rosaldo
El alcalde morenista de Coatzacoalcos, Pedro Miguel Rosaldo García, ha construido buena parte de su imagen pública alrededor de dos conceptos: cercanía con la gente y un gobierno de “puertas abiertas”.
No es interpretación. Es la narrativa difundida por su propia administración. El Ayuntamiento presume que Rosaldo gobierna en “territorio”, escucha directamente a los ciudadanos y encabeza una administración que coloca al pueblo en el centro de sus decisiones.
Pero en la avenida Bellavista, en pleno centro de Coatzacoalcos, algunos vecinos cuentan una historia muy distinta.
De acuerdo con habitantes de la zona, el alcalde habría cambiado recientemente su residencia a ese sector y, desde entonces, sus elementos de seguridad estarían restringiendo el tránsito por la calle.
Un video difundido por vecinos muestra el momento en que elementos que presuntamente forman parte de la seguridad del alcalde impiden avanzar a un hombre que pasea perros. La restricción, según se aprecia en las imágenes y denuncian los residentes, alcanza incluso el lado contrario de la vialidad.
La escena necesita una explicación oficial, porque una calle pública no cambia de régimen jurídico cuando un alcalde decide vivir en ella.
La seguridad de un presidente municipal puede justificar dispositivos especiales de protección, vigilancia o control ante riesgos concretos. Lo que debe aclarar el Ayuntamiento es bajo qué autoridad, protocolo o disposición se estaría restringiendo el libre tránsito de ciudadanos por una vialidad pública y cuál es exactamente el perímetro autorizado para proteger al alcalde.
El contraste resulta todavía más incómodo porque Rosaldo ha hecho de la cercanía una bandera de gobierno. Apenas comenzó su administración, el propio Ayuntamiento presumió su “presencia territorial”; después difundió comunicados en los que aseguró que el presidente municipal mantiene contacto directo con la ciudadanía y gobierna bajo la consigna de “el pueblo, el pueblo, el pueblo”.
En Bellavista, sin embargo, los vecinos denuncian que la cercanía con el alcalde tiene ahora otra consecuencia: restricciones para transitar frente a la zona donde presuntamente reside.
El Ayuntamiento debe explicar quién ordenó el operativo, qué corporación participa, cuál es el fundamento para impedir o limitar el tránsito y si existe una evaluación de riesgo que justifique semejantes medidas.
Porque proteger a un funcionario es una obligación institucional cuando existen riesgos acreditados. Convertir una calle pública en una extensión de su seguridad privada sería algo muy distinto.
Pedro Miguel Rosaldo llegó ofreciendo un gobierno de puertas abiertas y asegurando que había venido a cuidar a los habitantes de Coatzacoalcos.
Ahora toca explicar por qué algunos de esos ciudadanos denuncian que necesitan pasar el filtro de sus escoltas para caminar por su propia calle.
Demasiada seguridad para un alcalde que presume cercanía con el pueblo; o demasiada prepotencia para un funcionario que parece olvidar que la calle sigue siendo de todos.

