El populismo choca con la realidad: Javier May pierde la paciencia ante reclamos por caminos abandonados
El discurso de campaña volvió a estrellarse contra la realidad en Tabasco. El gobernador Javier May Rodríguez perdió la paciencia ante los reclamos de habitantes de Mactún, en Balancán, quienes le exigieron atención para los caminos de la zona, afectados por el abandono y el deterioro.
Durante su campaña, May prometió que con la llegada de su gobierno las cosas cambiarían y que las necesidades de las comunidades serían atendidas. Sin embargo, ya en el poder, la respuesta ante las exigencias ciudadanas fue muy distinta: pidió paciencia y recordó que apenas lleva dos años al frente del gobierno.
El mandatario incluso lanzó una frase que resume el choque entre las promesas y la realidad: “No tengo varita mágica” para resolver los problemas.
Y ahí está precisamente el problema. Los habitantes no le estaban pidiendo magia, sino soluciones a necesidades que llevan años acumulándose y que, durante la campaña, fueron utilizadas como parte del discurso para pedir el voto.
El reclamo ciudadano expone además una contradicción recurrente de los gobiernos que prometen transformaciones inmediatas cuando buscan el poder, pero una vez instalados en Palacio de Gobierno apelan al tiempo, a los recursos limitados y a la herencia recibida para justificar que los problemas continúen.
May apenas lleva dos años, como él mismo recordó, pero los tabasqueños también llevan años esperando caminos transitables, servicios públicos eficientes y respuestas concretas.
El episodio en Mactún deja una imagen incómoda para el gobierno estatal: cuando las promesas de campaña se encuentran con las exigencias de los ciudadanos, el discurso cambia. Ya no se habla de transformación inmediata, sino de paciencia y de que no existe ninguna “varita mágica”.
El problema es que quienes viven en comunidades abandonadas no votaron por magia. Votaron por resultados.

