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Entre acarreados, vallas y rumores de relevo, Andy López Beltrán irrumpe en el escenario político tabasqueño

VILLAHERMOSA, Tabasco.- Mientras el discurso oficial hablaba de unidad, respaldo popular y continuidad de la llamada Cuarta Transformación, la realidad que se observó este domingo en Villahermosa estuvo marcada por el acarreo, el control de accesos y la creciente disputa silenciosa por el poder en Tabasco.

El protagonista involuntario de la jornada fue Andrés Manuel López Beltrán, mejor conocido como Andy, quien llegó al mitin convocado para celebrar el triunfo electoral que llevó a Claudia Sheinbaum a la Presidencia de la República rodeado de discreta seguridad y evitando cualquier contacto con la prensa.

Su arribo contrastó con la narrativa de cercanía al pueblo que presume Morena. Custodiado y protegido de cuestionamientos incómodos, el hijo del expresidente Andrés Manuel López Obrador apareció como una figura política que ya no se mueve como dirigente partidista, sino como un personaje al que sus seguidores comienzan a tratar como heredero natural de una estructura de poder construida durante los últimos años.

A su salida, el panorama fue distinto. Decenas de simpatizantes se acercaron para saludarlo y fotografiarse con él. Algunos lo identifican ya como el “otro hombre fuerte” de Morena en Tabasco, una percepción que alimenta los rumores cada vez más insistentes sobre su eventual desembarco en la política estatal.

Y es precisamente ahí donde comienza la especulación que recorre los corrillos políticos morenistas. Cada vez son más frecuentes las versiones que colocan a López Beltrán como futuro ocupante de La Casa de la Laguna, la residencia y oficina oficial que actualmente utiliza el gobernador Javier May Rodríguez.

La sola existencia de esos rumores explica parte del ambiente que rodeó el evento.

Vallas metálicas de por medio, al más puro estilo de los actos organizados por Morena en los últimos años, Javier May se dejó arropar por simpatizantes y grupos movilizados para la ocasión. Entre porras y consignas, algunos asistentes le gritaron repetidamente “¡gobernador, gobernador!”, como si intentaran disipar las versiones sobre una eventual pérdida de influencia o un posible relevo anticipado.

La escena dejó una imagen contradictoria: mientras el mandatario buscaba proyectar liderazgo y control político, la conversación entre operadores y militantes giraba alrededor de otro nombre.

El acto, presentado como una celebración de respaldo a la presidenta Claudia Sheinbaum, terminó exhibiendo algo distinto: una movilización sustentada en estructuras de acarreo, una militancia concentrada en las disputas sucesorias y una figura emergente que, sin ocupar cargo de gobierno alguno, genera más expectativa política que varios funcionarios en funciones.

En Morena insisten en que la transformación continúa. Sin embargo, en Tabasco, el debate parece haber cambiado de tema. Ya no se discute quién gobierna hoy, sino quién podría gobernar mañana.