Crudo, silencio y abandono: pescadores de Veracruz alistan demanda colectiva mientras autoridades esconden información
En la costa sur de Veracruz, el derrame de hidrocarburo no solo contaminó el mar: también dejó al descubierto la opacidad, la lentitud y la indiferencia institucional. Mientras las manchas de crudo avanzan, las respuestas oficiales siguen ausentes.
Ante ese vacío, pescadores y habitantes de Jicacal han comenzado a organizar una demanda colectiva para exigir responsabilidades por los daños ambientales y económicos que, desde finales de marzo, mantienen paralizada su forma de vida.
El recurso legal cuenta con el respaldo del Instituto Federal de Defensoría Pública (IFDP), cuyos abogados ya integran expedientes con testimonios, evidencia fotográfica y documentación técnica que acredita lo que las autoridades evitan reconocer: la devastación directa a la pesca, el turismo y la salud.
Las cifras son contundentes. Al menos 150 familias han perdido su ingreso diario. En tierra, la desesperación crece; en el mar, el desastre es visible. Redes impregnadas de crudo, lanchas varadas y manglares contaminados dibujan un escenario que las autoridades prefieren administrar con censos opacos en lugar de soluciones reales.
“Las redes están impregnadas, las lanchas no pueden salir y nadie nos dice quién se hará responsable”, denuncia uno de los pescadores afectados. La escena se repite: funcionarios que recorren la zona, levantan registros y desaparecen sin dar explicaciones claras sobre el origen del derrame ni sobre los mecanismos de compensación.
La demanda no solo busca indemnizaciones. También pretende obligar a las autoridades a transparentar los dictámenes técnicos que, hasta ahora, permanecen bajo reserva. Porque en medio del desastre, el hermetismo oficial ya es parte del problema.
Organizaciones ambientales advierten que la falta de información retrasa la contención y agrava lo que ya califican como un ecocidio en desarrollo. Pero el daño no se detiene en el ecosistema: golpea directamente la economía regional.
El malestar ya se extendió a comunidades como Pajapan, Tatahuicapan y Mecayapan, donde pescadores y comerciantes comienzan a organizarse ante una crisis que amenaza con colapsar toda la cadena productiva costera.
Mientras tanto, el gobierno administra el desastre con silencio. Ni responsables claros, ni cifras definitivas, ni soluciones urgentes. Solo manchas de petróleo que avanzan… y autoridades que retroceden.
Con información de Excélsior.

