Ni para “devolver al pueblo”: saquean al Indep y desaparecen millones sin responsables
Lo que debía ser un símbolo de justicia patrimonial terminó convertido en botín. Al Instituto para Devolver al Pueblo lo Robado le “robaron” 211 vehículos y más de 50 pantallas en un inmueble bajo su resguardo en Veracruz, en un despojo que dejó pérdidas por más de 23 millones de pesos… y una estela de negligencia institucional que nadie ha explicado.
La auditoría interna es demoledora: los bienes, asegurados por el Poder Judicial y entregados al Indep, simplemente desaparecieron. Pero el escándalo no termina ahí. Al menos una docena de esos vehículos —incluidas unidades de lujo como Hummer, Jeep, Honda y GMC— hoy circulan con nuevas placas en distintos estados del país, como si el saqueo nunca hubiera existido y la ley fuera opcional.
El inmueble, conocido como “El Sardinero”, fue despojado desde diciembre de 2020. Desde entonces, el acceso ha sido bloqueado, incluso con amenazas, mientras las autoridades acumulaban oficios, reportes y excusas. Ni incendios posteriores ni inspecciones tardías lograron ocultar lo evidente: cuando finalmente pudieron mirar, los vehículos ya no estaban.
La cadena de irregularidades es grotesca. Un contenedor entregado por la entonces Procuraduría General de la República —hoy Fiscalía General de la República— fue recibido abierto, vacío y sin sellos, contradiciendo registros oficiales. Es decir: bienes decomisados por el Estado que desaparecen… dentro del propio Estado.
Y mientras el saqueo se consumaba, la burocracia hacía lo suyo: a más de 550 días del reporte del siniestro, el trámite con la aseguradora seguía “en proceso”. El riesgo es claro: si no concluyen a tiempo, la indemnización podría perderse. Un doble golpe al erario: primero el robo, luego la incapacidad para recuperar el dinero.
El caso exhibe algo más grave que un simple despojo: la total descomposición en la administración de bienes públicos. Vehículos asegurados que reaparecen en las calles, expedientes empantanados, autoridades rebasadas y ninguna consecuencia visible para los responsables.
En el país donde todo “se devuelve al pueblo”, lo único que regresa es la evidencia de un sistema que ni cuida lo decomisado ni castiga a quienes lo saquean. Porque aquí, incluso lo robado… se vuelve a robar.

