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Crudo sin dueño: la narrativa de Pemex intenta tapar el desastre en Dos Bocas

Mientras el daño ambiental avanza río abajo, Petróleos Mexicanos intenta contener algo más que hidrocarburo: la verdad.

Cuatro días después del incendio provocado por el desbordamiento de “aguas aceitosas” en la refinería Olmeca, la paraestatal finalmente reconoció lo evidente: hay presencia de hidrocarburos. Lo que no reconoce —ni por descuido— es de dónde salió el crudo que hoy contamina el río Seco. Como si el combustible pudiera brotar por generación espontánea… o caer del cielo.

En un comunicado cuidadosamente redactado para diluir responsabilidades, Pemex pretende reducir el incidente a una fuga localizada en las inmediaciones de Dos Bocas. Pero la realidad no cabe en su narrativa: la propia empresa admite que realiza acciones “complementarias” para confinar hidrocarburo que la corriente ha arrastrado varios kilómetros, hasta la ranchería Limón. Es decir, el problema no está contenido. Está avanzando.

Las imágenes difundidas por la petrolera no documentan el desastre, lo maquillan. Buscan sostener la versión de que el crudo simplemente “apareció” en la planta, sin origen claro, sin causa, sin responsables. Un intento burdo de controlar la percepción mientras el daño ecológico sigue su curso.

Para rematar, Pemex presume haber recolectado apenas 240 kilos de “material impregnado con crudo”, una cifra que suena más a estrategia de relaciones públicas que a una verdadera dimensión del derrame. Minimizar el impacto parece ser prioridad, aunque eso implique ignorar la magnitud del riesgo ambiental.

En tierra, la preocupación es real. Pescadores y productores temen que la contaminación alcance la laguna de Mecoacán, sustento de al menos 400 ostioneros y cientos de familias más. Pemex, en cambio, insiste en que “todo está bajo control”, una frase que en el historial de la empresa suele ser antesala de desastres mayores.

Porque aquí no sólo hay hidrocarburo en el agua. Hay opacidad, omisión y una constante: cuando ocurre un daño, Pemex informa lo mínimo, tarde y a medias.

El ecocidio no sólo se mide en litros derramados, sino en la forma en que se encubre. Y en Dos Bocas, ambas cosas parecen fluir con la misma facilidad.