Video desmiente la versión oficial: no fue un rayo, fue negligencia lo que provocó el incendio en la Refinería Olmeca
La narrativa oficial volvió a colapsar. No fue un rayo. No fue un accidente inevitable. El incendio en las inmediaciones de la Refinería Olmeca, que dejó cinco muertos, apunta —con evidencia en mano— a una cadena de negligencias que las autoridades intentaron ocultar desde el primer momento.
El material difundido por el periodista Lino Zentella muestra el instante exacto en que inicia el siniestro, captado por cámaras de vigilancia de la ASIPONA. Las imágenes ubican el origen a metros de la garita de Aduanas, en la vialidad que divide el recinto portuario del área de esferas y tanques del complejo en Paraíso, Tabasco.
Lo que se observa es tan claro como incómodo: el paso de un vehículo, un chispazo en condiciones de lluvia y un entorno saturado de aguas aceitosas. Es decir, el escenario perfecto para una tragedia que pudo evitarse.
Nada de rayos. Nada de fatalidades naturales.
El incendio fue provocado por un corto en un vehículo en medio de un sistema que falló: fosas de residuos inflamables sin control adecuado, drenaje deficiente y protocolos de seguridad inexistentes o ignorados. La mezcla fue explosiva, y el resultado, letal.
Pero lo más grave no es sólo lo ocurrido, sino que ya había pasado antes.
En el sexenio anterior, un trabajador murió dentro del mismo complejo bajo circunstancias prácticamente idénticas: un chispazo en contacto con aguas aceitosas durante una lluvia. En aquel entonces, el caso se manejó con opacidad. Hoy, la historia se repite con cinco víctimas y un video que complica cualquier intento de encubrimiento.
La coincidencia entre el punto donde inicia el fuego y la ubicación del vehículo calcinado tras el siniestro confirma lo que las autoridades quisieron desviar: el problema no fue el clima, fue la operación.
La refinería insignia del gobierno federal no sólo acumula críticas por su costo y su viabilidad, sino ahora también por su peligrosidad. Lo que debía ser símbolo de soberanía energética se está consolidando como un foco de riesgos mal gestionados.
Cinco muertos después, la evidencia está sobre la mesa. Y también la pregunta incómoda: ¿quién responde por una tragedia que no sólo era previsible, sino repetida? Porque cuando los errores se repiten, dejan de ser accidentes y se convierten en responsabilidad directa.

