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Sin pruebas ni explicaciones, Adán Augusto se refugia en Palacio y habla de complots internos

Adán Augusto López Hernández reapareció con el discurso gastado de siempre: negar, minimizar y desviar. Luego de que la presidenta reiterara públicamente que no existe ninguna investigación en su contra, el senador aseguró que “las mentiras le tienen sin cuidado”, como si la reiteración presidencial bastara para borrar los señalamientos que lo persiguen.

Lejos de ofrecer explicaciones claras o asumir responsabilidades políticas, el exsecretario de Gobernación optó por el papel de víctima. Dijo que ya están identificados los morenistas que formaron parte del entramado en su contra, abriendo así un nuevo frente: no contra la oposición, sino dentro de su propio partido.

El mensaje es doble y revelador. Por un lado, Adán Augusto se escuda en el respaldo presidencial para sostener que todo es una campaña de “mentiras”. Por otro, reconoce implícitamente que hay fuego amigo, que las pugnas internas en Morena están más vivas que nunca y que la guerra por el poder ya comenzó.

En Morena nadie se mueve sin permiso, pero tampoco nadie cae solo. Y cuando un operador central del régimen habla de conspiraciones internas, no es porque esté tranquilo, sino porque algo se está rompiendo.

Hoy no hay investigación, dice el gobierno. Mañana, como ya ha ocurrido otras veces, el discurso puede cambiar. Mientras tanto, Adán Augusto no se defiende con hechos, sino con frases huecas y advertencias veladas. En política, eso rara vez es señal de fortaleza.

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