Desastre ferroviario en Oaxaca: nuevo descarrilamiento del Tren Interoceánico; trasladaba 241 pasajeros y 9 tripulantes
Esta mañana, el proyecto bandera del gobierno federal volvió a convertirse en tragedia y escándalo: un convoy del Tren Interoceánico del Istmo de Tehuantepec se descarriló a la altura de Nizanda, Oaxaca, mientras trasladaba a más de 240 pasajeros y personal de tripulación por la llamada Línea Z.
Según el comunicado lacónico de la Secretaría de Marina (Semar), la máquina principal se salió de las vías, activando de inmediato protocolos de emergencia y movilizando a cuerpos de auxilio estatales y federales.
Hasta el momento no hay cifras oficiales claras sobre heridos ni confirmación de víctimas fatales, solo informes preliminares de que algunas personas habrían resultado lesionadas y que personal de Protección Civil y ambulancias trabajan en la zona.
Lo que sí está claro es que este accidente no es un hecho aislado: ocurre apenas días después de otro percance en el mismo proyecto ferroviario —el choque con un tráiler en Chiapas el 20 de diciembre— que ya había encendido las alarmas sobre la seguridad y mantenimiento de este mega-proyecto.





Críticos y ciudadanos han señalado que el Tren Interoceánico, más que una obra de infraestructuras, parece una obra de improvisación: sin transparencia, con fallas operativas reiteradas y expuesto a riesgos que ponen en peligro a quienes confían su vida a este servicio. La premura política por inaugurar proyectos estrella ha superado la prudencia técnica y la seguridad pública.
Mientras autoridades federales prometen ampliar información “cuando se cuenten con datos completos”, las familias de los pasajeros y miles de mexicanos se quedan con una pregunta urgente: ¿cuántos accidentes más harán falta para tomar en serio la seguridad ferroviaria en México?

