Transparencia Política
El ADN de Adán
Erwin Macario | @erwinmacario
Si bien es difícil entender que la genética por sí sola pudiera influir en el actuar delictivo y en los trastornos de los instintos, tampoco se comprende cómo el entorno social pudo haber creado un personaje como Adán Augusto López Hernández.
Lo cierto es que su mala sangre y la de otros políticos se ha convertido en una herencia maldita para México: a diferencia del pasado, los juniors ya no disfrutan del latrocinio de sus padres, sino que participan en las mismas entrañas de la corrupción.
Creado en un entorno familiar en que la madre fue ejemplo de trabajo y humildad; con una educación fuera de las escuelas de pobres y oportunidades económicas garantizadas por el trabajo paternal, Adán cayó, empero, en la tentación del fruto prohibido del árbol del bien y el mal en el edén tropical tabasqueño.
Un texto del colega columnista Alfredo Calderón Cámara me hace reflexionar sobre la genética política actual. Escribe: “Instruye al niño en su camino, Y aun cuando fuere viejo no se apartará de él, dice el proverbista ¿Qué significa y su trascendencia? Es un llamado a los padres para guiar a sus hijos desde temprana edad en el camino de la rectitud y la sabiduría moral. Los hijos con el espejo de los padres; este versículo puede verse como una advertencia para quienes guían a sus hijos al abuso y nepotismo”.
Sería prolijo citar el texto completo de la columna Armagedón —que circuló el lunes 6—, que sobre esta sucesión o legado en la política actual reza: “desde el inicio de sus vidas van siguiendo las huellas del mal ejemplo de su padre, a la novatez y juventud de ellos habrá que tenerle paciencia, aunque es indudable que ellos crecerán sin respetar reglas morales, sociales ni políticas: no cambiaran y terminaran con propio camino equivocado”.
Insisto, es controvertido, por falta de evidencia, asegurar que sea la genética o el entorno social, los únicos factores generadores de la codicia y la impudicia actuales en la política.
En el caso de Adolfo Hitler —toute proportion gardée—, su afán dictatorial se estima una combinación de factores como su entorno social, el contexto político y su capacidad de manipulación. Pero no dejó herederos.

