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Hernán Bermúdez: de operador político de Adán Augusto a capo criminal de “La Barredora”

La historia de Hernán Bermúdez Requena es la radiografía de cómo el poder político en Tabasco se mezcló con el crimen organizado. Documentos judiciales y testimonios recabados revelan que su carrera delictiva comenzó en 2018, cuando Adán Augusto López lo sumó a la logística de su campaña por la gubernatura.

En ese contexto, Bermúdez sostuvo encuentros con el jefe criminal conocido como “Pelón de Playa”, con quien pactó garantizar la tranquilidad de la elección. Aquellas reuniones sellaron su entrada formal a “La Barredora”, organización que para finales de ese mismo año ya encabezaba.

Lo que inició como un operador de confianza en la política tabasqueña, pronto se transformó en un liderazgo criminal. La solicitud de una de las órdenes de aprehensión en su contra, a la que Latinus tuvo acceso, describe cómo Bermúdez dejó de lado cualquier vínculo institucional para convertirse en jefe de una red de delitos de alto impacto.

En 2019, ya con López Hernández como gobernador, Bermúdez fue premiado con el cargo de director de la Policía de Investigación. Desde esa posición estratégica reclutó operadores como Ulises Pinto, quien le ofreció negocios de huachicol, narcomenudeo y gas LP. También lo conectó con personajes de peso en el bajo mundo: Daniel Hernández Montejo, alias “Prada”, y Gabriel Gómez Vázquez, alias “Indeco”.

La cúspide de su poder llegó el 11 de diciembre de 2019, cuando fue nombrado secretario de Seguridad y Protección Ciudadana. Paradójicamente, su primera acción pública fue la detención del propio “Pelón de Playa”, un movimiento que desató una ola de violencia en Villahermosa, mientras él se consolidaba como el nuevo líder indiscutible de la organización.

Ya para 2020, Bermúdez había transformado a “La Barredora” en un verdadero imperio criminal. Repartió territorios entre sus lugartenientes, quienes estaban obligados a entregarle hasta dos millones de pesos semanales en cuotas criminales.

Lo que parecía una estrategia de seguridad se convirtió en la instauración de un sistema de control mafioso, donde la policía dejó de ser garante de la ley para operar como brazo armado de una red delictiva.

Hoy, la trayectoria de Hernán Bermúdez Requena muestra con crudeza cómo la cercanía con el poder político fue la llave para construir un imperio criminal bajo la sombra del Estado.

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