Tras las rejas el sobrino político de Rafael Ojeda, ex titular de Marina de AMLO: la red corrupción alcanza a la élite de Semar
El martes 2 de septiembre, a las 9:45 horas, cayó uno de los nombres más pesados de la Secretaría de Marina: el Vicealmirante Manuel Roberto Farías Laguna, pieza clave en una red de corrupción y huachicol fiscal que durante años habría drenado millones al amparo de las instituciones que deberían proteger al país.
La detención no es un hecho menor: se trata del golpe más fuerte contra un mando naval durante los gobiernos de Morena y, al mismo tiempo, la confirmación de lo que por años se había denunciado: la Marina no está exenta de la podredumbre del poder ni de los negocios turbios de quienes juraron lealtad a la Nación.
Farías Laguna no es un cualquiera. Sobrino político del almirante Rafael Ojeda, secretario de Marina en el sexenio de Andrés Manuel López Obrador, y con una trayectoria manchada por señalamientos de corrupción, su nombre siempre estuvo envuelto en sospechas. Desde el sexenio pasado, junto a su hermano Fernando, era señalado por controlar presupuestos multimillonarios y manipular nombramientos en la cúpula naval. Ahora, la captura lo exhibe como parte de un clan familiar que convirtió a la Marina en botín y a los recursos del país en negocio personal.
El operativo federal no solo se llevó al Vicealmirante: siete personas más fueron detenidas, entre ellas dos mujeres. Los hombres fueron trasladados al Penal del Altiplano y las mujeres al Penal de Hermosillo, quedando todos a disposición del juez de control. El Registro Nacional de Detenciones confirmó el hecho, aunque se ocultaron detalles del operativo, como si todavía hubiera intereses poderosos protegiendo a un alto mando caído en desgracia.
La ficha penitenciaria describe a un hombre de 1.85 metros, vestido con camisa blanca a rayas azules, pantalón azul y zapatos cafés. El uniforme de gala quedó atrás: ahora Farías Laguna porta el atuendo de un corrupto desenmascarado.
La historia de este Vicealmirante es la de un militar que escaló puestos estratégicos en la Marina, desde el Centro de Estudios Superiores hasta la XII Zona Naval en Puerto Vallarta. Sin embargo, su verdadero poder estaba fuera de los reflectores: influencias, favores, contratos y una red que tejía vínculos con empresarios de Guaymas, Sonora, siempre para el beneficio privado y nunca para la seguridad nacional.
Hoy, la detención de Manuel Roberto Farías Laguna no solo exhibe la hipocresía del discurso de “honestidad” en las Fuerzas Armadas, sino que revela la profundidad del cáncer que corroe a las instituciones. La Marina, que debería ser pilar de disciplina y honor, carga ahora con la vergüenza de ver a uno de sus altos mandos tras las rejas.
El caso apenas empieza. Pero la pregunta es inevitable: ¿caerán más peces gordos o Farías será el chivo expiatorio de una red mucho más amplia que sigue operando en las sombras del poder naval?

