Niños desaparecidos, cárteles en guerra y autoridades ausentes: el legado de los morenistas Adán Augusto López y Carlos Manuel Merino en Tabasco
Desde que Adán Augusto López asumió la gubernatura de Tabasco el 1 de enero de 2019 —y hasta el cierre de su gestión en agosto de 2021—, la entidad comenzó a registrar un alarmante incremento en las desapariciones. Según cifras del Registro Nacional de Personas Desaparecidas y No Localizadas (RNPDNO), los casos pasaron de 465 en 2019 a 1,894 en 2024, un crecimiento que pinta una crisis humanitaria sin precedentes en el estado.
Los datos más recientes agravan aún más el panorama: tan solo entre el 1 de enero y el 24 de julio de 2025, ya se contabilizan 1,798 personas desaparecidas, lo que equivale a ocho casos diarios. De continuar esta tendencia, el año cerraría como el más letal en la historia de Tabasco.
Durante el interinato de Carlos Manuel Merino Campos —sucesor de Adán Augusto—, las desapariciones continuaron en ascenso. En 2022 se documentaron 418 casos, cifra que se cuadruplicó dos años después. Los números revelan una creciente crisis de seguridad que ni el cambio de administración logró contener.
Centro, Huimanguillo y Cárdenas: los focos rojos
El municipio de Centro, donde se ubica Villahermosa, encabeza la lista de desapariciones, con un salto de 309 casos en mayo de 2024 a 1,876 en mayo de 2025, un aumento superior al 600%. Huimanguillo y Cárdenas también reportaron incrementos de más del 1,000%, colocándose entre los más peligrosos de Tabasco.
Particularmente preocupante es el aumento de desapariciones de niñas, niños y adolescentes. Solo en lo que va de 2025, 421 menores fueron reportados como desaparecidos, 72% de ellos niñas. Entre mayo de 2024 y mayo de 2025, este grupo vulnerado creció un 372%, una cifra que evidencia el colapso de las estrategias de protección.
“El edén se volvió infierno”
David Saucedo, analista en temas de seguridad, no duda en señalar que durante la gestión de Adán Augusto López “se maquillaron las cifras” de desapariciones. Con la llegada de Javier May Rodríguez, asegura, las autoridades al menos han sido más receptivas para registrar los casos, aunque sin frenar el fenómeno.
“Tabasco se convirtió en un infierno primero con Adán Augusto y luego con Merino, apodado el ‘gobernador paseador’ por sus constantes ausencias del estado”, acusa Saucedo. Añade que la violencia está ligada a la disputa entre el Cártel Jalisco Nueva Generación y el Cártel de Sinaloa, ambos atraídos por las rutas de droga, migrantes y huachicol que cruzan por el estado.
El fenómeno del reclutamiento forzado de jóvenes varones de entre 15 y 25 años es una constante. Muchos desaparecen tras ser utilizados como sicarios o halcones. “Cuando ya no les sirven, los asesinan”, advierte.
De orgullo nacional a zona de guerra
Tabasco, estado natal del expresidente López Obrador y cuna del llamado “Grupo Tabasco” —al que pertenecen también Adán Augusto y Rutilio Escandón—, ha dejado de ser símbolo de paz para convertirse en un campo de batalla. Javier Oliva, académico de la UNAM, señala que su ubicación geográfica lo ha convertido en un punto clave para el crimen transnacional.
“El control de rutas migratorias, el trasiego de drogas y la ordeña de ductos de Pemex han convertido a Tabasco en un botín en disputa entre cárteles”, apunta Oliva. También lamenta que la seguridad pública haya estado en manos de personajes ligados al crimen, como el exsecretario de Seguridad estatal Hernán Bermúdez Requena, ahora perseguido por la ley.
Según datos del Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública, los homicidios dolosos también se dispararon: en 2024 hubo un incremento del 236.7% respecto a 2023, al pasar de 253 a 892 víctimas.
Un estado fuera de control
Samuel Storr, del Programa de Seguridad Ciudadana de la Universidad Iberoamericana, advierte que Tabasco ocupó el tercer lugar nacional en desapariciones por tasa en 2024, y el octavo en homicidios. Asegura que, en los últimos años, hubo más desaparecidos que asesinados, lo cual indica que la violencia ha mutado en formas más silenciosas pero igual de letales.
“El deterioro de la seguridad en Tabasco es profundo. La crisis no comenzó en esta administración, pero sin duda se ha profundizado. Y el gobierno federal sigue sin poner el foco en las desapariciones”, concluye.
Mientras tanto, familiares de víctimas siguen esperando justicia. Apenas la semana pasada, decenas de ellos se manifestaron frente a la Fiscalía General del Estado, exigiendo búsquedas en zonas como Playas del Rosario, donde “huele a muerto”, según denunciaron.
Tabasco, alguna vez llamado “el edén”, hoy sufre las consecuencias de años de omisión, negligencia y complicidad. Y lo peor, advierten los expertos, todavía podría estar por venir.
Con información de El Universal.

