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Javier May promete ‘paz duradera’ en Tabasco mientras minimiza cifras, culpa a gobiernos pasados de inseguridad, pero olvida que eran de Morena

En un tono triunfalista y con referencias directas a “otros datos”, el gobernador de Tabasco, Javier May Rodríguez, aseguró este martes que su gobierno revisa diariamente las cifras de delitos y combate la impunidad, aunque evitó detallar indicadores concretos o reconocer los desafíos persistentes en materia de seguridad.

Durante una rueda de prensa, el mandatario afirmó que su administración recibió un sistema de seguridad en abandono y “desmantelado”, por lo que, según dijo, su gobierno ha actuado con rapidez para revertir los efectos de la violencia. Como prueba, destacó la capacitación policial, el equipamiento y la implementación de tecnología, sin presentar evaluaciones independientes ni metas verificables.

May Rodríguez también se apoyó en la narrativa de respaldo federal al mencionar el apoyo de la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo y las fuerzas armadas, así como en un agradecimiento amplio al “pueblo trabajador de Tabasco” por su confianza y colaboración con denuncias anónimas.

Uno de los puntos que más enfatizó fue la realización de la Feria Tabasco, evento que —según el gobernador— reunió a dos millones y medio de personas y concluyó con “saldo blanco”. Sin embargo, usó el evento como argumento para rechazar las críticas opositoras: “Los adversarios no querían la Feria, se frotaban las manos esperando el caos… pero el pueblo les dio una gran lección”, declaró.

El gobernador defendió que delitos de alto impacto como el homicidio doloso han disminuido, en particular en el municipio de Centro, aunque esta afirmación no fue acompañada de datos actualizados ni contrastes con fuentes independientes. Especialistas han advertido en otras ocasiones que la percepción de seguridad en Tabasco se mantiene baja y que los resultados son aún insuficientes frente al crecimiento del crimen organizado en regiones clave del estado.

Finalmente, May aseguró que su objetivo no es alcanzar una “paz de apariencia”, sino una paz “perdurable, basada en instituciones y de la mano del pueblo”. No obstante, su insistencia en que “Tabasco no es como lo pintan” deja abierta la duda sobre si el mandatario se refiere a una mejora sustantiva en las condiciones del estado o a una estrategia discursiva para desmarcarse de una realidad que, para muchos ciudadanos, aún sigue siendo preocupante.

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