Opinión

EL RECUENTO DE LOS DAÑOS

 

Leer entre líneas al presidente

Óscar Constantino Gutiérrez | @TheOCGlobal

 

Los políticos de gran poder suelen jugar al oráculo, les gusta dar mensajes entre líneas. Para el resto de los mortales, estos recados suelen ser inaccesibles. Sin embargo, hay ocasiones en que son perceptibles para todos, como sucedió en el episodio del «ya chole» del ciudadano presidente López.

Sus expresiones no dejan lugar a duda:

«(…) ya expliqué yo que esto corresponde al pueblo de Guerrero y corresponde a las autoridades competentes. Y di a conocer también que en épocas de elección los rivales, los que quieren el mismo cargo, se dice en política que se es amigo hasta que no se compite por el mismo cargo (…) es que hay quienes están muy interesados, unos que quieren el cargo y otros que no quieren que un partido determinado gane y buscan debilitarlo».

Andrés Manuel dijo claramente que alguien dentro de Morena estaba amplificando los ataques a Salgado Macedonio, resulta claro que el clan Ackerman-Sandoval y sus aliados son la mano que mece la cuna en este asunto. Y esa circunstancia no convierte a Salgado Macedonio en el casto José de la corte del Faraón —creo que su conducta y presuntos delitos merecen un análisis aparte—, sino que revelan la voluntad política de López Obrador y lo que opina de asuntos como estos:

  1. Efectividad electoral mata todo. Salgado no fue designado por el dedo presidencial por su linda cara, buena reputación o elegancia, sino porque es rentable por su carácter populachero, corriente y demagogo. En la métrica de López, es quien puede ganar más fácilmente en las urnas, por eso su empecinamiento con mantenerlo en la candidatura.
  2. Ningún escándalo en política es gratuito. No es que, de repente, la izquierda mexicana se haya levantado con la iluminación moral en su alma y haya decidido emprender una cruzada contra el machismo delincuencial. El reverendo presidente sabe que estas «olas» son inducidas y eso le enoja, lo que lleva al siguiente punto.
  3. El que se dobla antes las presiones, marca el camino para siguientes extorsiones. Si Andrés acepta que una facción le deseche candidatos, perderá el poder absoluto para designarlos en el futuro. Los Ackerman ya jugaron la cartita moral contra Muñoz Ledo y la reciclarán si da resultados. Con la finalidad principal de mantener su predominio, López no cederá a las presiones y, por tanto, si se vuelve insostenible la nominación de Salgado Macedonio, no le dará el premio a Pablo Amílcar Sandoval —el delfín de los instigadores—, sino a un tercero (quizá Luis Walton). No obstante, el presidente se aferrará lo más que pueda a su decisión inicial, porque mostraría debilidad si admite cambios. En consecuencia…
  4. El líder está obligado a castigar, tarde o temprano, a los que desafían sus decisiones. Los Ackerman-Sandoval serán sancionados por López Obrador, la pregunta es cuándo. Todo indica que será después de las elecciones, sobre todo si se complica la obtención de la gubernatura de Guerrero. Si bien son muy poderosos, la fuerza de ellos es prestada y el presidente puede dejarlos fuera de la jugada con un gesto de mano. De hecho, la obsesión con Guerrero es porque ese clan ambiciona la tenencia de un feudo más permanente. Y eso lo sabe muy bien Andrés: fue por eso —y por la poca rentabilidad electoral de Pablo Amílcar— que no les dio la candidatura anhelada.
  5. A Andrés Manuel le encanta derrotar a sus adversarios más furibundos y frontales. Al igual que otros hombres de poder, López sabe que dominar a los peores enemigos aumenta su prestigio e influencia. Resulta claro que el presidente no es un aliado feminista, eso va en contra de su historia y ADN, pero además le irrita que la lucha de género sea un contrapeso a sus decisiones. En su mente, doblegar a los grupos feministas lo consolida, en una suerte de hegemonía machista que sólo pudo imaginar su paje Gibrán.

Hay más directrices en el pensamiento de López Obrador, pero estas son las que más se evidencian en su episodio del jueves 18 de febrero de 2021. Detrás del «ya chole» no hay estupidez, sino prepotencia, la del caudillo que no permite que le digan qué hacer en su partido, aunque sea para cuestionarle a un candidato ignorante, inmundo, violento e impresentable… pero que el mandatodo cree que gana elecciones. Al tiempo.

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