Opinión

EL RECUENTO DE LOS DAÑOS

 

Genaro Lozano y la necesidad de usar el lenguaje de Nuremberg

Óscar Constantino Gutiérrez | @TheOCGlobal

 

Las «benditas redes sociales» pasaron a ser «las plataformas digitales que hoy nos enseñan quiénes son los dueños de la conversación pública al cerrarle a Trump sus cuentas en redes». No es que Genaro Lozano se haya vuelto trumpista, sino que se ve en la necesidad de defender el discurso de Andrés Manuel López Obrador, a quien respalda con mecanismos soterrados en uno y cada uno de sus espacios informativos y editoriales.

Pablo Majluf llama facilitadores a los personajes como Lozano. Estimo que hay que utilizar el lenguaje de Nuremberg: son colaboracionistas, cómplices de un régimen inepto y perverso, antes de la campaña, durante y después de ella. El espacio de las paparruchas en Punto y Contrapunto no es más que un mecanismo para ayudar a López y la 4T, sesgando el descubrimiento de supuestas fakes news. Lo mismo puede decirse de sus mesas de análisis con predominio de voces cuatreras algunas tan nefastas como las de Eder Guevara, Alejandro Encinas Nájera o Estefanía Veloz.

El temor de la progresía lopera es que uno de estos días el presidente de México se enfrente a una suspensión parecida a la que recibió Donald Trump. Ahora sí les parece preocupante que las redes sociales se autorregulen y tomen decisiones autónomas. Estaban acostumbrados al tráfico de influencias de personajes de Morena y la 4T, como el mismo John Ackerman, que se dedican a silenciar cuentas opositoras en Twitter, con el contubernio de empleados de la compañía. Ahora, que la empresa de Jack Dorsey dejó de soliviantar a ciertos políticos, ya no les gustó el modelo no estatal de regulación de Twitter.

Hay que decirlo con todas sus letras: no se justifica de forma alguna que Twitter tenga ciertas reglas de uso de su red o que solicite un número telefónico a las personas, sobre todo si se considera el agravante de que el dueño de Twitter también lo es de una telefónica, pero esto no significa que la red de microblogging se haya equivocado en suspender a Trump: Twitter acertó en ese caso.

Pero, la congruencia implica que la operación concertada contra Trump (que abarcó a Facebook y YouTube, no sólo a Twitter) se aplique a otros sembradores de odio, como varios de los medios y voceros de la 4T, que no merecen ser nombrados y que hacen su agosto con la monetización de YouTube.

También hay que señalar que las tecnológicas sancionaron a Trump porque tenían un incentivo adicional: el ogro naranja pretendía reformar la ley para ponerles controles a sus cada vez más veleidosos criterios de operación, a veces demasiado woke, SJW o de corrección política progre, aplicadas en detrimento y perjuicio de visiones libertarias, conservadoras o de derecha. En pocas palabras, vieron herido al monstruo y le hicieron montón.

¿Las redes sociales requieren controles legales y judiciales? Por supuesto, la administración de Twitter es una olla de prevaricación y criterios erróneos o de doble estándar, en la que muchas veces ni siquiera respetan sus deficientes reglas autoimpuestas. Pero la hipocresía de personajes como Genaro Lozano no ayuda en este asunto, sino que cae en lo patético: su denuncia de la actitud de las tecnológicas no es otra cosa que una más de sus acciones colaboracionistas con el obradorismo. Y por eso es execrable.

De sujetos como él, hay que tener la terca memoria que aludía Julio Scherer García y no olvidar sus fechorías, porque seguramente querrán saltar del barco de la 4T en cuanto se hunda y mostrar cara fresca, como si no tuvieran algo que ver con ese desastre político y gubernativo. Si López se va, ellos se tienen que ir con él: en su rancho de Palenque hay suficiente lugar para todos ellos…

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