Opinión

Transparencia política

 

El triángulo del poder en Tabasco

Erwin Macario | @erwinmacario

 

Si habría que escoger un sitio para representar el poder en Tabasco, y hacerlo con una de las figuras geométricas más reconocida, no hay duda: el triángulo en el que serían los vértices de la Quinta Grijalva, el Obispado de la catedral de Villahermosa y el edificio en ruinas de la avenida Paseo Tabasco y Fernando Mayo Sanlucar.

La casa de gobierno que hoy habita Adán Augusto López Hernández y las oficinas donde despacha y también habita el representante del poder eclesiástico en Tabasco, monseñor Gerardo de Jesús Rojas López, han sido por años los centros del Gobierno y de la Diócesis de Tabasco. Poderes terrenal y espiritual.

Ningún problema en ello. Ya no hay quejas porque las campanas repiquen muy temprano llamando a misa —que están in suspensus por la pandemia de covid— ni, del otro lado, por los discursos que intenten frenar el trabajo pastoral y la injerencia política del clero.

Cada quien en su casa. Unos en la arbolada quinta, testigo de la Historia y de muchas historias. Otros en la inconclusa catedral del “Señor de Tabasco”.

El vértice problema de ese triángulo de poder, da a la calle. Está a la vista y al olfato —si no se está enfermo de covid— de la gente que vive en esa figura geométrica que tiene como centro al parque infantil Manuel Mestre Gigliazza, otrora sitio de reuniones familiares.

Esquina de otro poder, enfrente del parque. Ángulo del poder pero más de la corrupción y la inseguridad que se aferran a retar la Cuarta Transformación.

En esa esquina de Paseo Tabasco y Fernando Mayo Sanlúcar hace unos años hubo el primer restaurante de comida de autor en Villahermosa. Las delicias aromáticas competían con el olor a santidad, el incienso y las veladoras de la catedral y el olor a naturaleza verde de la pequeña selva intramuros que es la residencia oficial de los gobernadores.

El inmueble fue, muchos años antes, propiedad de Olga Zetina Ingüi,  hermana de quien me obsequió uno de los primeros libros, Fito Zetina. Conocí la casa, como algunas veces recuerdo La Quinta y, menos, la Diócesis.

Ahora está en total abandono ese edificio y el olor que llena ese triángulo —tal vez no llega a la Quinta ni a la Catedral— no es de lo mejor de la cocina tabasqueña, sino lo peor que se cocina en la inseguridad, la corrupción y la falta de autoridad: consumo de mariguana.

Delincuentes de variada índole han tomado el inmueble como refugio. ¡Enfrente de la residencia oficial!

No únicamente han sustraído, a pedazos, los elementos físicos que componen una construcción de ese tipo; esto es, desde focos y lámparas, hasta ventanas, puertas, tuberías, cables eléctricos, etc. a la vista de todo mundo, actuando preferentemente de noche.

En sus incursiones ya han robado hasta tubería de cobre de algunas casas aledañas, sin que prospere la queja ciudadana.

Se sabe que el nuevo propietario del inmueble abandonado es el licenciado y notario público Jorge Pereznieto Fernández y es allí donde aparece una parte del poder político, aunque en realidad lo que ahí sucede es manifestación del poder de la delincuencia que puede, hace y deshace sin que ninguna autoridad intervenga.

El notario Pereznieto se niega a proteger su propiedad alegando que ya la entregó en alquiler a la empresa OXXO, otra cara de la influencia entre empresarios. Sin ninguna protección, el abandonado edificio está convertido, además, en un basurero y un cagadero público, pues los delincuentes que la usan como refugio hacen sus necesidades en todas partes del inmueble.

El presidente municipal de Centro, Evaristo Hernández Cruz, tiene ya conocimiento de este problema urbano, a través de denuncias y quejas interpuestas por vecinos, pero no se ha dignado siquiera a respetar el derecho de queja y la petición para que intervenga. 

La policía no actúa. Ni porque ese refugio criminal está enfrente donde todas las noches duerme el gobernador de Tabasco.

En varias ocasiones han llamado los vecinos por vía telefónica a las autoridades policiales, de manera incógnita, para protegerse de posibles daños que le pueden causar esos delincuentes, pero no han recibido protección de Seguridad Pública, ni respuesta alguna.

Insistir, piensan, puede exponerlos a que la misma autoridad les ponga el dedo por denunciarlos, los acusen “de sapos” según el argot de la policía y delincuencia. Y les causen daños en sus personas.

La verdad, se trata de un triángulo de poder con vértice de corrupción, impunidad y miedo. 

 

Periodista tabasqueño. Su columna “Transparencia política” se publica en el diario local “Rumbo Nuevo”.

Siguenos

Twitter

Encuesta

El cuadro de Francisco I. Madero que intervinieron las inconformes que tienen tomadas las instalaciones de la CNDH, ¿a usted?

Suscribase a nuestro boletín

reciba las noticias más relevantes

Redes Sociales / Boletín de Noticias

Search