Opinión

EL RECUENTO DE LOS DAÑOS

 

Pablo Casado, Andrés Manuel y la enseñanza de Aníbal

Óscar Constantino |  @TheOCGlobal

 

La reprimenda con la que Pablo Casado rechazó la moción de censura propuesta por Vox es uno de los grandes momentos de la defensa de la democracia en el siglo XXI: denunció frontalmente al populismo y la demagogia, tanto de derecha como de izquierda y señaló varios puntos que resultan aplicables a nuestro país.

¿Qué pasa si cambiamos los sujetos del discurso de Casado y la coalición PSOE-Podemos la sustituimos por Morena y a Vox por Frenaaa o las otras ultraderechas embozadas? Veamos:

 

  • La verdadera disputa que hay en México hoy no es entre la izquierda y la derecha, es entre rupturistas y reformistas, entre populistas y demócratas, entre radicales y centristas. Los liberales y los radicales están en los lados opuestos de esa disputa. Frenaaa y la ultraderecha son parte del bloque de la ruptura con Morena y sus satélites.
  • La ultraderecha y los liberales no son equiparables, son muchas las diferencias. Tantas como la distancia que media entre el liberalismo reformista y el populismo antiliberal. Entre el patriotismo integrador y el antipluralismo. Entre la economía abierta y el proteccionismo autárquico. Entre la vocación americanista y global y el aislacionismo. Entre el interés general y el oportunismo demagógico.
  • Lo que oculta el radicalismo morenista y la ultraderecha opositora es que los dos se necesitan para sobrevivir: cuando se trata de polarizar, el acuerdo tácito es muy fácil entre los que sacan rédito.
  • En democracia, reunir fuerzas es reunir votos, recuperar voluntades, renovar esfuerzos y buscar los grandes objetivos nacionales que se quieren para México y sus ciudadanos. Lo demás es perder. Y perder significa que gobiernan otros. Los peores. Así de simple.
  • La ultraderecha opositora juega al mismo juego que López Obrador, aunque lo juegue al otro lado del campo. Los dos quieren vaciar el México centrado para convertirlo en su campo de batalla particular, y para eso el obstáculo son los demócratas liberales.
  • Frenaaa y las otras ultras opositoras son la derecha que más le gusta a la izquierda, y eso es ya todo lo que ya son. La ultraderecha ha hecho la misma trampa que López Obrador. Ha cometido el mismo fraude que él. Los ultras, con su estólida oposición radical, están facilitando que los mexicanos sigan en manos de López Obrador, porque Frenaaa y sus similares piensan que será desde esas manos obradoristas que la gente se va a arrojar a las suyas. Y eso convierte a la ultraderecha en colaboradora necesaria de todo ese catálogo de acusaciones que han hecho en estas semanas y por la que pide una renuncia estúpidamente infundada.
  • ¿Qué ha hecho la ultraderecha para evitar lo que hace López Obrador? Sí, es el peor presidente de los últimos 50 años, 50. Sí, su gobierno es de los más negligentes del mundo en la pandemia, con el mayor índice de letalidad mundial. Por eso, no parece sensato que Frenaaa y sus porristas se centren en exigir la dimisión presidencial en lugar de plantear propuestas concretas para que López-Gatell deje de convertir a México en un cementerio.
  • Sí, el gobierno obradorista es el que peor está gestionando la economía, con más de 15 millones de desempleados y al menos una caída de 10 puntos del PIB. Por eso, no se entiende que la ultraderecha siga pretendiendo unas elecciones presidenciales para 2021, en lugar de exigir que se bajen impuestos y se den ayudas puntuales a deudores, empresas y consumidores. Resulta incomprensible que Frenaaa no reclame soluciones para los problemas urgentes del país y que, en su lugar, siga rebuznando la aplicación de un artículo 39 constitucional cuyo significado y sentido no entiende, alegando tonterías que son una calca de las usadas por López Obrador para promover sus consultas demagógicas e intervencionismo electoral.
  • Entre Morena y sus adversarios de ultraderecha se ha tejido una simbiosis perfecta. López Obrador le regaló a Frenaaa y similares su crecimiento público con sus respuestas burlescas y gobierno de estupideces, mientras la ultraderecha le regaló a López el enemigo soñado, una bestia negra y fascista que utiliza un discurso clasista, ignorante, ultramontano y ridículo. Recordando a Umberto Eco, toda demagogia necesita un adversario y la ultraderecha le entregó a López, en bandeja de plata, a su némesis ideal.
  • Y, al hacerle plantones exigiendo su renuncia, Frenaaa le hace otro regalo más: viene a fortalecer al morenismo justo cuando más débil estaba, a rellenar con cemento sus grietas cada vez más profundas ¿Por qué lo hace? Pues porque en ese bloque radical que dice querer retirar del poder está también la ultraderecha, en una pinza que ya han visto todos. Como los mangos de una tenaza, están unidos para apretar por ambos extremos al México moderado, y ahí es donde les estorba el liberalismo democrático, en el centro.
  • La ultraderecha cree que la pervivencia de este gobierno radical es su camino para alcanzar el poder y también cree que ese camino tiene que pasar por el paisaje de ruina económica y tensión social que otros le dictan y, como tontos útiles, Frenaaa y sus similares ejecutan.
  • Puro populismo: cuanto peor para México, mejor para la ultraderecha. Es decir, los opositores radicales prefieren sepultar el interés nacional bajo su propio interés. Todo esto lleva a una reflexión: si este gobierno obradorista amenaza a México y si la ultraderecha garantiza la continuidad de este régimen, entonces la conclusión es clara: o la ultraderecha o México.
  • Los liberales dicen no a la ruptura que la ultraderecha busca; no a la polarización que necesitan, tanto como López; no a ese México a garrotazos en blanco y negro, de trincheras, ira y miedo; no a ese engendro antimexicano que también patrocinan los radicales de derecha, esa antipolítica cainita, de izquierda o de derecha destinada a hacer que los mexicanos se odien y se teman.
  • Sí al México de convivencia y tolerancia. Sí a la globalización y al libre mercado. Sí a la integración americana de derechos y libertades. Sí a la unidad nacional y a la Constitución entera, no por fascículos como pretenden tanto los morenistas como la ultraderecha. Sí al Estado de derecho, a la ley, a la seguridad, pero sin atajos ni demagogias. Sí al Estado federalista, a la libertad de elección educativa, sanitaria y de servicios sociales. Sí a la familia, al futuro de los jóvenes, a la igualdad real entre hombres y mujeres. Sí a la bajada de impuestos, a la flexibilidad laboral, al apoyo a autónomos y pymes para crear empleo y garantizar las pensiones. Sí al medioambiente y a la digitalización. Sí a todas estas banderas del liberalismo, planteadas y defendidas desde antes de la alternancia y que no se van a arriar, aunque unos las copien y otros las critiquen.
  • La ultraderecha no da ninguna batalla por las ideas, tiene como única idea la de arrastrar a los mexicanos a una batalla. Igual que López y sus socios. La derecha e izquierda radicales forman parte de ese desgarro nacional, actúan y viven para eso: para enfrentar a la sociedad, para hacer imposible la convivencia.
  • Frenaaa y sus similares expresan mejor que nadie el éxito que la izquierda está teniendo en su colonización cultural de una parte de la derecha. Los liberales no apelan a la identidad o al fundamentalismo religioso como vacuna contra la falsa superioridad moral de la izquierda. Porque es parte del mismo virus.
  • Política sin complejos, sí, pero con cabeza. El colectivismo y el intervencionismo no se combaten con demagogia y populismo, sino con libertad y tolerancia de cada persona, tenga el color de piel que tenga, rece al dios que rece, ame a la persona que ame, sueñe en la lengua que sueñe.
  • La ultraderecha es incompetente para dar al liberalismo lecciones de principios y valores. Los liberales siempre han defendido la vida, la reconciliación y la concordia, con respeto a la conciencia y posiciones de cada persona.
  • Los liberales seguirán activos en la guerra cultural, sí, pero sobre todo en la de aquí y la de ahora. No contra conspiraciones judeomasónicas, una ficticia mafia del poder, ni con el cantoral castrense. Frente al revisionismo histórico, defendamos la democracia y el Estado constitucional de derecho. Frente al feminismo dogmático, ocupémonos de crear empleo para las millones de mujeres desempleadas y mecanismos efectivos para protegerlas de la muerte y violencia física. Para defender la propiedad privada, actuemos contra la ocupación ilegal y los impuestos confiscatorios. Por la libertad individual, defendamos la educación concertada y la especial. Por la seguridad personal rechacemos la amnistía demagógica. Por el estado de derecho defendamos la legalidad, ya sea en Chihuahua, en Bolivia, en Ecuador o Venezuela.
  • La política real es hacer cosas por la gente. Los liberales no son ni furia ni ruido. No alimentan fracturas, sino que quieren cerrarlas. Quieren unir a los mexicanos de nuevo. Quiere un México en red, sin colectivos aislados en búnker, sin personas solas. Los liberales creen en una sociedad abierta y libre, que no espera que los políticos la obliguen a hacer lo que ellos quieren, sino que la ayuden a hacer lo que ella quiere.
  • ¿Por qué la política tiene que crear bloques cerrados en lugar de lazos y conexiones? ¿Para qué sociedad hacen política los señores del gobierno nocivo y de la ruptura? ¿Para qué país, señor López, señor Lozano; señor Lozano, señor López?
  • Los liberales defienden un México unido y diverso. Los obradoristas no lo quieren unido. La ultraderecha no lo quiere diverso. Los liberales defienden un país cohesionado y abierto. Una facción radical no lo quiere cohesionado. La otra banda extremista no lo quiere abierto.
  • Para los liberales, una idea política tiene que crear un vínculo entre mexicanos, no una fractura. Los mexicanos no viven aislados, no quieren vivir enfrentados unos contra otros. No quieren que los separen, no quieren que los confronten.
  • México es un país demasiado importante como para vivir sin proyectos ambiciosos que tengan el apoyo estable de mayorías amplias. Esa agenda necesaria, que no la impone nadie, que es la que conviene a todos los mexicanos y para la que pueden contar con ayuda si se hacen las cosas bien, debería ocupar a todos los habitantes del país. Hay que unir esfuerzos y votos alrededor de ella. Era necesaria antes de las crisis sanitaria y económica y ahora lo es todavía mucho más, es sencillamente imprescindible.
  • Pero mientras tanto, en lugar de esto, los radicales en el gobierno y en la oposición siguen barrenando cada día un poco más la convivencia, dinamitando la historia y el futuro comunes. Los liberales no quieren eso. Y por esta razón, tanto la ultraderecha como la ultraizquierda se permiten llamarlos cobardes. Señores radicales, lean a Shakespeare: la discreción es la mayor parte del valor.
  • Señores de la ultraderecha, no es que los liberales no se atrevan. No es que se hayan rendido. No es que sean cobardes. Lo que ocurre es que no quieren ser como ustedes. No son como ustedes porque no quieren ser como ustedes. Así de sencillo.
  • Los liberales no quieren ser otra facción del miedo, de la ira, del rencor y la revancha, del insulto y de la bronca, ni de la manipulación, la mentira y la involución frentista. Los demócratas liberales son el grupo de la libertad, de las leyes, de la convivencia, del progreso, de la América total, de las autonomía de las entidades federativas y del municipalismo.
  • El liberalismo es su pensamiento, pero no es su patria. Su patria es México. Y por su patria, ese grupo ha pagado un tributo de sangre que ahora pisotean personas como los radicales. No sabemos cuál es la idea de patriotismo de los radicales, pero los liberales no la conciben como el insulto a los que dan su vida por la libertad de todos.
  • Señores radicales, ¿de verdad se va a dedicar ahora a repartir credenciales de buen y mal ciudadano, como han hecho las peores dictaduras de la historia?
  • La supuesta nueva política de la ultraderecha ha traído exposición a sus organizaciones, pero no han dejado bienestar a los mexicanos, a los que sólo trae problemas, inestabilidad, fracturas y debilidad.
  • Señores radicales, no les gustan los liberales. Perfecto, entendido. Los radicales a ellos, tampoco. Ustedes ya son parte del problema de México, y no puede ser parte de la solución que el liberalismo democrático representa. La deriva de la ultraderecha es ya irreversible y no los llevará a donde esperan. Ustedes son parte del bloque de la ruptura, y los liberales son parte de la red de afectos y proyectos que une y protege a los mexicanos.
  • Ustedes, los radicales de derecha e izquierda, alardean de ser populistas con demagogia, de ofrecer soluciones fáciles, y generalmente falsas, a problemas complejos. No hay mucha diferencia entre prometer desde un hotel de lujo, una oficina ejecutiva o una poderosa dependencia de gobierno, en vez de ocuparse de la industria y negocios que quiebran o se van fuera de México. Parece igual de ridículo pedir dimisiones ilegales e intentar imposiciones a la moral individual, en vez de proponer soluciones puntuales a los problemas del turismo y el sector energético.
  • Entre la nación del pueblo bueno que odia a los ricos y el México de una sola moral y religión, hay un espacio intermedio donde estamos 90 millones de mexicanos hartos de esa polarización en la que ustedes, los radicales en el gobierno y en la ultraderecha, echan esporas.
  • López Obrador y Lozano son el imán y el metal, no solo se atraen y se complementan, sino que expulsan todo lo que se resista a entrar en la política perversa de su campo magnético. Pero la tarea de los liberales es impedir que, una vez más, minorías radicales como la de Frenaaa y mayorías irracionales como la de López arrastren a todo un país a un enfrentamiento.
  • Los radicales separan y los liberales unen. Los liberales sí guardan la memoria y la enseñanza de los errores y de los aciertos históricos de México. Y saben que cuando se está dispuesto a imponer una idea a cualquier precio sobre una sociedad, esa sociedad acaba pagando siempre el precio más alto posible.
  • El camino de ceniza y ruina por el que ustedes, los radicales, pretenden medrar solo nos conduce a un país de bandos y rencores. Ya hemos estado ahí, y no queremos volver. Tanto López Obrador como la ultraderecha son igualmente nostálgicos del pasado, de las guerras de nuestros antepasados, de una gloria cósmica que sólo existe en su imaginación, como la que imaginaba Vasconcelos. Parece que no recuerdan las causas de esa tragedia, ni aprenden del fracaso al que condujeron.
  • Señor Lozano, Frenaaa y sus similares son el sueño del radicalismo de izquierda y el salvavidas de López Obrador. La izquierda llevaba, desde hace treinta años, queriendo que hubiera una ultraderecha estridente como Frenaaa y ustedes se la han regalado.
  • El suyo, señor Lozano, es un triste ejemplo de profecía autocumplida. Ha acabado facilitando lo que usted y sus similares dijeron que querían evitar. De verdad es que no le arrendamos las ganancias: uno puede volver de todos los sitios salvo de la condición de muleta de este gobierno estatista, demagogo, inepto e impresentable. Usted pasará, y solo habrá dejado escombros, igual que López; pero los liberales seguirán aquí, construyendo día a día un país mejor y para todos. Y ya va para 160 años de esa lucha.
  • Estamos seguros de que los mexicanos no van a entregarse al enfrentamiento y a la ruptura que ustedes, los radicales en el gobierno y en la oposición, promueven. Elegirán reformar y volverán a elegir convivir. Y para eso elegirán a los liberales.
  • La responsabilidad original de los liberales fue unir a todo lo que estuviera a la derecha de los socialistas y en contra de los conservadores, pero ahora tendrá que conseguir el reagrupamiento de todos los constitucionalistas, también de aquellos socialdemócratas avergonzados por lo que está haciendo López Obrador, y aquellos regionalistas que quieren seguir viviendo en el México unido y diverso que nos dimos en 1917, en el que todos cabemos.
  • Los populistas de todos los partidos y facciones reciben hoy una mala noticia: los liberales no van a poner los coros ni la segunda voz al proyecto de ruptura de México, ni por la izquierda ni por la derecha. Ni al de López, ni al de Frenaaa y sus similares.
  • Señores de la ultraderecha, ustedes han incrementado gravemente el debilitamiento de la línea de defensa de la Nación mexicana, que necesita oposiciones inteligentes, formadas e informadas, no revisitaciones al sinarquismo, yunquismo y otras lacras que sólo sepultaron al país en la división, atraso, muerte e ignorancia.
  • La ultraderecha llamó a romper filas y al derrocamiento de un presidente democráticamente electo, en lugar de hacer la tarea e integrar el expediente por el que podría ser procesado, lo que no implicaba un gran esfuerzo, dada la notoria incapacidad de López para llevar las riendas del gobierno. En una caricatura de él mismo, Frenaaa se disfrazó de caprichosa dama porfirista, que quiere correr a la servidumbre por su mero antojo: se equivocó. El presidente es nuestro empleado, pero su retiro del cargo exigía la demostración de una causa justificada de su destitución.
  • Por el contrario de ustedes, los radicales, los liberales seguirán reclutando sueños y esperanzas para los mexicanos. Sin ustedes, que son el veneno de la democracia.
  • Ninguno de los triunfos políticos a los que han recurrido en su propaganda se habría producido nunca si sus protagonistas hubieran actuado como ustedes, los radicales de derecha e izquierda. La distancia entre su ambición y su patriotismo es demasiado grande como para recorrerla con sus exigencias absurdas.
  • México vive la peor crisis de su democracia por culpa de la prepotencia, arrogancia e incompetencia de López, sembrador de odios y resentimientos. Pero también por culpa de sus cómplices a ambos extremos del espectro político. Nuestro país no volverá a encontrar la estabilidad y el camino del futuro mientras en el Poder Legislativo los extremistas, ineptos y serviles cuenten con la mayoría de los escaños y mientras el Poder Judicial continúe siendo una oficina de trámite para los caprichos presidenciales.
  • Y por ello, los liberales harán todo lo posible para que la sensatez y la solvencia se abran paso entre los dos polos, y con ello se recuperen la libertad y la prosperidad que ha degenerado este gobierno.
  • Lo liberales no quieren que México sea perfecto, lo quieren para que lo sea. El México constitucional y democrático es un tesoro de generosidad y de responsabilidad al que todos los defensores de la libertad tienen que hacer su propia contribución.
  • Para eso se debe poner en el centro lo que todos creamos necesario, y evitar lo que a cada uno puede resultarle inaceptable. Eso es la concordia. Así es como se crean los grandes consensos políticos y así es como se crean las grandes mayorías que cambian los malos gobiernos y lideran a las grandes naciones. Ese es el México en el que creemos, ese es el México que merecen nuestros hijos.

 

Una de las obras maestras de la táctica militar fue la Batalla de Cannas. En ella, Aníbal puso al centro a sus soldados menos confiables, lo que propició que los romanos avanzaran contra ellos, sólo para encontrarse rodeados por los cartagineses, quienes estaban en los flancos. Esa técnica de tenaza fue un éxito para Aníbal y la perdición para sus adversarios, que fueron masacrados. Si el centro, liberal y democrático, es débil, la tenaza de los radicales los encerrará en un círculo de exterminio. A los liberales les corresponde romper la pinza, tanto en su lado izquierdo como derecho, eso lo entendió Pablo Casado y a los mexicanos nos toca comprender lo mismo, si no queremos terminar destruidos como los romanos en Apulia. Lo único bueno de todo esto es que ni López, ni sus adversarios radicales, son como Aníbal: se parecen más a Darío III en Gaugamela, pero esa es otra historia…

 

Siguenos

Twitter

Encuesta

El cuadro de Francisco I. Madero que intervinieron las inconformes que tienen tomadas las instalaciones de la CNDH, ¿a usted?

Suscribase a nuestro boletín

reciba las noticias más relevantes

Redes Sociales / Boletín de Noticias

Search