Nacional

CRÓNICA: Cual modernos Cruzados, simpatizantes de FRENAAA refuerzan su guerra contra López Obrador, ahora apoderados de media Plaza de la Constitución

Por Feliciano Zapata | @Feliciano_Zap
Ciudad de México, 23 de septiembre de 2020 

 

Un par de horas antes de que Gilberto Lozano, el líder del Frente Nacional AntiAMLO (FRENAAA) hiciera su entrada triunfal entre las casas de campaña de sus seguidores para caminar rumbo al Zócalo, un hombre recorre la avenida Juárez con un altavoz en mano pidiendo 20 voluntarios jóvenes. Nadie pregunta para qué, pero se apuntan, encargan sus cosas y siguen a aquél que ofrece un momento estelar, la oportunidad de participar en algo que parece importante.

Falta una hora para el mediodía y entre el contingente que se encuentra en plantón desde el sábado pasado hay un ambiente casi festivo. Todos quieren participar, o más bien, seguir instrucciones. Algunos reciben donativos, unas lonas, unos carteles, cobertores, más casas de campaña, comida enlatada, alcohol y cubrebocas. Otros ondean banderas nacionales y lanzan vivas a México y fueras a López Obrador.

De repente, un hombre en bicicleta pasa y grita “es un honor estar con Obrador” acompañado de ofensas. Riquillos, se escucha. Cómplices del saqueo, también. Pero nadie en el campamento parece prestar atención y menos responden, se dedican a levantar registros de personas que llegan de varios estados, en parejas o en grupos, y a esperar lo que le ordenen sus dirigentes.

En los rostros, se nota que hay motivo suficiente para el optimismo; la policía les ha dejado paso libre hacia la Plaza de la Constitución, pero algunos creen que no está de más rezar. Y rezan. Lo hacen en pequeños grupos, deslizan entre sus dedos los rosarios y el padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea tu nombre y el Dios te salve María, llena eres de gracia, se vuelve un murmullo por aquí y por allá, con sus respectivas peticiones para salvar a México del comunismo, y para que claro, triunfe el movimiento.

Gerardo Villarreal, de Nuevo León, mientras tanto, declara a algunos medios que lo que quieren es llegar al Zócalo, lograr la renuncia del presidente, poner a uno nuevo que tenga capacidad para dirigir al país y no volver más a la normalidad que tuvo durante muchos años este movimiento que no se avergüenza de los símbolos religiosos que lo alientan en su lucha y que ahora, quiere vigilar a quienes nos gobiernan, porque los mandantes “somos nosotros, los que pagamos impuestos”.

A lo lejos, se escucha el tropel ruidoso, desordenado, de un grupo que avanza desde la glorieta del Caballito hasta el Palacio de Bellas Artes, donde se ubica el frente de la protesta, donde aguardan banderas ondeantes, gente de todos los estratos sociales, el señor de Coyoacán, el jubilado de Veracruz, la empresaria de Culiacán, pidiendo que el presidente se vaya a su rancho y cantando, juntos, el himno nacional.

A las 13:36 minutos, hombres corpulentos con corte tipo militar llegan a la cabeza del contingente trayendo casi a rastras a Gilberto Lozano, el líder del movimiento que se ha convertido en la oposición más visible contra el presidente de la república. Los voluntarios jóvenes que fueron convocados un par de horas antes van adelante, abriendo paso, empujando, cuidando que nadie se acerque demasiado al dirigente.

La acción pretende ser coordinada, pero en realidad es un caos ante el numeroso grupo de fotógrafos y camarógrafos que quieren captar el momento en que el contingente sale de avenida Juárez, toma el Eje Lázaro Cárdenas y dobla sobre la calle 5 de Mayo rumbo al corazón de México, el Zócalo de la capital del país.

El recorrido se hace a paso rápido en apenas doce minutos, aunque en algún momento, el contingente se detiene y titubea porque hay camiones de granaderos y policías en las banquetas. Se teme que quieran impedir el paso, pero la instrucción ya estaba dada, y el grupo entra al Zócalo entre gritos de “sí se pudo” sólo para descubrir que la plaza estaba tomada por cientos de policías, que hicieron un cuadro con vallas metálicas para impedir que los manifestantes se acercaran a Palacio Nacional.

–Esto también es un abuso, dice una mujer al ver el impresionante despliegue policiaco. Gilberto Lozano declara algo que nadie alcanza a escuchar, porque está rodeado de su cuerpo de seguridad y de la prensa. Algunos organizadores piden guardar sana distancia y otros más empiezan a colocar las casas de campañas que llevaron, aunque la gran mayoría se quedó sobre la avenida Juárez a la espera de instrucciones.

Un grupo de simpatizantes de Morena se burla de lo poco numeroso que se aprecia la concentración en una plancha de cemento de 46 mil 800 metros cuadrados, con todo y que al menos 25 mil están bloqueados para esta movilización con policías y con vallas.

“Lárguense a su casa, ridículos”, gritan los fanáticos de López Obrador a quienes, en el extremo opuesto, ahora les responden casi entre dientes, como si rezaran: “comunistas”, “pro abortistas”. Son en su mayoría adultos mayores. Y callan cuando uno de los coordinadores se acerca y les pide no caer en provocaciones.

Entonces, le dan la espalda a quienes los insultan y alzan el brazo derecho, con el puño cerrado en señal “de resistencia” …y de desprecio.

–“Viva Cristo Rey”, se escuchó a una anciana.

Así son esta especie de modernos Cruzados, unos convencidos de que el presidente debe dejar el cargo y que, para lograrlo, parecen estar dispuestos a permanecer en la plaza el tiempo que sea necesario.

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