Fuera de la Caja
Disturbios y mano negra
Macario Schettino | @macariomx
Terribles escenas de los disturbios en Francia el fin de semana pasado, que incluyeron el incendio de edificios públicos y el saqueo de tiendas, incluyendo las ubicadas en la Rue Montaigne, la calle más cara de París. No se limitaron a la capital, se extendieron por buena parte del país, e incluso hubo eventos similares en Milán, Bruselas y otras ciudades europeas. El detonante inicial fue el reclamo de estudiantes de nivel secundario (bachillerato, liceo) que exigen mejores condiciones materiales en sus escuelas y que las plazas vacantes de profesores se cubran. Nada excepcional, todo razonable.
Pero encima de ellos, se movilizaron los activistas de siempre, que van de los chalecos amarillos a los bloques negros, pasando por diversos grupos pro-palestinos, que convirtieron el reclamo razonable en disturbios callejeros. Finalmente, se montaron los saqueadores, aprovechando el río revuelto.
Como es frecuente en los fenómenos sociales, hay varios niveles, que conviene no confundir. Del reclamo original, hay quienes extienden el lazo para hablar de la gran tragedia de la juventud actual, que vive menos bien que sus padres y no tiene expectativas. Verdad a medias. De la falta de presupuesto, se busca la explicación en un Estado de Bienestar que ha agotado los recursos de prácticamente todos los países desarrollados, hoy hundidos en deuda. También es parcialmente cierto.
Convendría discutir seriamente ambas cosas, y ponerlas en perspectiva. Es cierto que el Estado de Bienestar se calculó mal, y que los jóvenes hoy sufren para tener casa propia. Pero es falso que esa generación esté peor que las anteriores. Quienes tienen empleo, ganan más que sus padres a la misma edad. En Francia, con un mercado laboral extraordinariamente rígido, cerca de un 20% de los jóvenes no consiguen empleo, pero es un problema diferente. Con respecto a las estimaciones del Estado de Bienestar, y la dificultad de conseguir casa para los jóvenes, la explicación es muy simple: las generaciones anteriores ya no se mueren tan pronto, así que siguen cobrando pensión, y siguen viviendo en su casa. Es la falta de herencia, o traslado intergeneracional, lo que complica la vivienda urbana, especialmente en las colonias que todo mundo quiere habitar.
En Francia, una persona que cumple 60 años puede aspirar a vivir 29 años más. En 1960, eran 20 años adicionales. Un incremento de un tercio en la vida de adulto mayor es una tragedia para las pensiones, y para las herencias. En México hemos pasado de 15 a 22 años, lo que es un incremento de 45%, para que vaya considerando.
Así que sí hay razones económicas detrás de lo que pasa en Europa: mercados laborales rígidos, regulaciones excesivas, Estado de Bienestar demasiado holgado, pero eso no explica los disturbios, sino los reclamos. Las revueltas callejeras son botín político, detrás del cual están los partidos, pero también la maquinaria de propaganda rusa, orientada a convertir las democracias en un caos. Por eso vemos un cúmulo de acusaciones contra el sionismo y el islam, producto precisamente de esa propaganda, que ha logrado enraizarse en diversos grupos, de ambos lados del espectro, cada vez más radicalizados.
Europa sufre por sus propias decisiones (como siempre, imperfectas), pero sobre todo por el desastre que significan Putin y Trump, que han alterado el equilibrio sobre el cual caminaban, como en cuerda floja, los gobiernos europeos.
Como siempre, se puede aprender de ellos: con Francia e Italia, México y Brasil tienen los mercados laborales más rígidos del mundo. A diferencia de esos tres países, México no tenía un problema severo con las pensiones, pero ya lo tenemos, gracias a la compra de votos. De propaganda rusa, hay que preguntar a Martí Batres, promotor de RT en nuestro país. Del bloque negro, parece que también es con él.
Este artículo se publicó originalmente en El Financiero, se reproduce con la autorización del autor.

