Otro incendio en Dos Bocas: Pemex lo reduce a un “evento operativo”; van meses de fallas y fuego
PARAÍSO, Tab.— Una enorme llamarada y una columna de humo alarmaron este jueves a habitantes de comunidades cercanas a la Refinería Olmeca. Pemex terminó por confirmar que hubo fuego, aunque lo atribuyó a un “evento operativo” que provocó el incendio de pastizales alrededor de un quemador. El episodio se suma a una cadena de incidentes registrados durante 2026 en el complejo petrolero.
Primero fueron las fotografías y los videos difundidos por habitantes y pescadores de Paraíso. Desde distintos puntos cercanos a Dos Bocas podía observarse una intensa llamarada acompañada por una columna de humo oscuro que se levantaba sobre la zona petrolera y era visible a varios kilómetros de distancia. Horas después llegó la explicación de Petróleos Mexicanos: durante la madrugada de este jueves 1 de octubre se presentó un “evento operativo” en la Refinería Olmeca.
Según la versión de Pemex, como parte de las maniobras realizadas para evitar el cierre de pozos productores se derivó de manera controlada un flujo de gas hacia un quemador, dispositivo utilizado precisamente como mecanismo de seguridad. La petrolera asegura que se produjo un sobrecalentamiento en el área y éste terminó incendiando el pastizal seco ubicado alrededor del quemador. El fuego fue extinguido por el personal contraincendios estacionado en la propia refinería y, según la empresa, no hubo lesionados ni daños en las instalaciones.
La explicación oficial puede aclarar qué produjo las llamas de este jueves, pero no elimina una pregunta que se vuelve inevitable por la frecuencia de los episodios: ¿qué está ocurriendo con la operación y la seguridad de la refinería más nueva y costosa del país? Porque el problema ya no es un incidente aislado. Durante 2026 se han sucedido conatos, incendios, fugas y otros eventos operativos dentro o alrededor del complejo, algunos sin consecuencias mayores y uno de ellos con saldo mortal.
El 23 de enero, Pemex confirmó un conato de incendio en una planta de proceso provocado por una pérdida de contención en una línea de descarga. La empresa informó entonces que activó su Plan de Respuesta a Emergencias, llevó la planta a una condición segura y descartó daños al personal, al medio ambiente y a las comunidades cercanas.
El episodio más grave ocurrió el 17 de marzo. Un incendio registrado alrededor de la barda perimetral del predio de almacenamiento de hidrocarburos terminó con cinco personas muertas. Pemex informó inicialmente que las lluvias torrenciales habían generado condiciones para la acumulación de posibles residuos de hidrocarburos; posteriormente confirmó que cuatro de las víctimas pertenecían a una compañía contratista y se trasladaban por una vialidad federal aledaña cuando ocurrió el siniestro.
La dimensión de aquel episodio fue más allá del incendio. Reuters documentó posteriormente las afectaciones ambientales asociadas al derrame de aguas aceitosas e hidrocarburos y reportó que Pemex había recuperado 549 metros cúbicos de combustibles fósiles, equivalentes a unos 3 mil 453 barriles. La contaminación alcanzó zonas próximas al río Seco y la laguna de Mecoacán, de importancia para las comunidades pesqueras de la región.
Menos de un mes después, el 9 de abril, Dos Bocas volvió a incendiarse. Esta vez el fuego alcanzó la fosa de almacenamiento de coque y obligó a movilizar personal especializado, Protección Civil y otras corporaciones. Pemex informó al día siguiente que el siniestro había sido completamente sofocado alrededor de las 18:25 horas y sostuvo que la refinería permanecía en condiciones seguras y operativas.
El 16 de mayo ocurrió otro episodio durante trabajos programados de mantenimiento y vaciado de tanques. Pemex informó que se produjo fuego en el exterior de un tanque de almacenamiento de residuos de vacío y nuevamente aseguró que el evento fue controlado rápidamente, que no representó riesgo para trabajadores ni comunidades y que la refinería continuaba operando. Reuters confirmó entonces que la petrolera caracterizó el episodio como un incendio breve durante labores programadas de mantenimiento.
A esos acontecimientos se han agregado otros episodios de humo, vapor, fugas y fuego que han provocado alarma entre habitantes de Paraíso. No todos han sido incendios ni pueden colocarse en la misma categoría: en algunos casos Pemex ha explicado que las emisiones visibles correspondían a vapor o maniobras propias de la operación. Pero precisamente esa sucesión obliga a diferenciar entre eventos normales de una refinería y fallas que requieren activar protocolos de emergencia.
Y ahí está el problema de fondo.
Una refinería es una instalación industrial compleja donde existen desfogues, quemadores y sistemas diseñados para controlar condiciones anormales. La existencia de una llamarada, por sí sola, no demuestra una falla grave. Pero cuando un mecanismo de seguridad termina provocando, según la propia versión oficial, un sobrecalentamiento y después un incendio en la vegetación circundante, corresponde explicar algo más que decir que todo quedó controlado.
Pemex tendría que informar cuál fue exactamente el “evento operativo” que obligó a desviar el gas, qué volumen fue enviado al quemador, cuánto tiempo permaneció activo, qué originó el sobrecalentamiento y qué medidas se tomarán para impedir que vuelva a incendiarse la vegetación alrededor de un dispositivo cuya función es precisamente operar bajo condiciones de alta temperatura.
También debería explicar si existe alguna relación entre la frecuencia de estos eventos y el proceso de estabilización y aumento de carga de la Refinería Olmeca. Durante el año, especialistas del sector han planteado públicamente interrogantes sobre la confiabilidad operativa del complejo ante la sucesión de incendios y otros incidentes, aunque hasta ahora no existe evidencia pública suficiente para concluir que todos tengan un mismo origen o que exista una falla estructural común.
Pemex sostiene este jueves que no hubo heridos ni daños a sus instalaciones. Es una buena noticia.
Lo que ya resulta más difícil sostener es que cada episodio pueda analizarse como si el anterior no hubiera ocurrido. La Refinería Olmeca acumula en 2026 suficientes incidentes para que la discusión deje de limitarse a si el fuego fue apagado rápidamente y se concentre también en por qué sigue apareciendo.
Porque en Dos Bocas el comunicado casi siempre termina igual: el incidente fue controlado, las instalaciones están seguras y la operación continúa.
Lo que sigue faltando es una explicación integral de por qué la refinería más nueva de México acumula tantos episodios que obligan a decirlo.

