Otra vez de luto: asesinan a dos estudiantes de la Universidad Autónoma del Estado de Morelos en Cuernavaca
Christian Shamed y Gael, ambos de 17 años, fueron asesinados a balazos; otro adolescente resultó herido. El doble homicidio vuelve a golpear a una comunidad universitaria marcada en los últimos meses por asesinatos, feminicidios y desapariciones.
CUERNAVACA, Mor.— La Universidad Autónoma del Estado de Morelos (UAEM) volvió a vestirse de luto.
Christian Shamed y Gael, dos estudiantes de 17 años de la Preparatoria Número 2 “Profesor Antonio L. Mora del Castillo”, fueron asesinados a balazos la noche del sábado 26 de septiembre en la colonia Chulavista, en Cuernavaca. Un tercer adolescente, de 16 años, resultó lesionado.
De acuerdo con los primeros reportes, los jóvenes viajaban en dos motocicletas y se dirigían a dejar a uno de sus compañeros cuando fueron atacados por hombres armados, quienes posteriormente huyeron. Christian y Gael murieron en el lugar. Hasta ahora, las autoridades no han informado públicamente de un móvil establecido para el doble homicidio.
La Fiscalía General del Estado de Morelos informó que abrió una investigación y aseguró que agotará las líneas necesarias para esclarecer el crimen. Personal del Ministerio Público, la Agencia de Investigación Criminal y Servicios Periciales realizó las primeras diligencias.
Pero para la comunidad de la UAEM el comunicado oficial llega en un contexto particularmente grave: no se trata del primer episodio de violencia que la sacude.
La propia Universidad exigió una investigación “pronta y exhaustiva” y reclamó acciones concretas para garantizar a los jóvenes una vida libre de violencia. “Nuestras juventudes merecen vivir sin miedo”, sostuvo la institución.
La frase resume una preocupación que se ha acumulado durante meses.
En abril de 2025 fue asesinada Aylin Rodríguez Fernández, estudiante de la Facultad de Psicología. La propia UAEM condenó públicamente su feminicidio y exigió que fuera investigado con perspectiva de género.
En febrero y marzo de 2026, Kimberly Joselin Ramos Beltrán y Karol Toledo Gómez, ambas de 18 años y estudiantes de la UAEM, desaparecieron con apenas días de diferencia y posteriormente fueron encontradas sin vida. Sus casos provocaron movilizaciones y protestas de estudiantes que exigieron justicia y mayores condiciones de seguridad.
El 24 de mayo desapareció Michelle Itzayana Fuentes Calderón, estudiante de 15 años del Sistema Universitario de Educación Mixta. Había salido de su casa en Yautepec y días después fue localizada sin vida en Tepoztlán. La Fiscalía informó entonces que mantendría abiertas las líneas de investigación y que el caso sería indagado con perspectiva de género.
Y otro expediente permanece abierto: Dorian Ali Olivo Rodríguez, de 20 años y vinculado académicamente con la UAEM, desapareció el 2 de junio. Tres meses después, familiares y amigos realizaron una vigilia en Cuernavaca ante la falta de información sobre su paradero.
A esta cadena se sumó apenas el 12 de septiembre el asesinato de Claudia Tacoronte Aguilera, estudiante española de intercambio de la Universidad de Granada. Según los datos presentados por la Fiscalía de Morelos ante un juez, un hombre intentó despojarla de su teléfono celular en Cuautla y la atacó con un arma blanca cuando pidió auxilio. Murió minutos después.
Quince días después, Christian y Gael fueron asesinados a balazos.
Los casos son distintos y, con la información disponible, no existe evidencia para afirmar que estén relacionados entre sí ni que los jóvenes hayan sido atacados por su condición de estudiantes. Pero juntos muestran la reiteración con la que la violencia ha alcanzado a integrantes de una misma comunidad universitaria.
La UAEM ha vuelto a pedir investigaciones, justicia y seguridad. Los estudiantes han marchado, protestado y realizado vigilias. Las familias han buscado a sus hijos y exigido respuestas.
Ahora son Christian y Gael.
Dos adolescentes de 17 años asesinados en las calles de Cuernavaca y una comunidad universitaria nuevamente de luto.
El problema ya no puede reducirse a un nuevo comunicado de condolencias ni a la promesa recurrente de que “se agotarán todas las líneas de investigación”. La exigencia central es más elemental: que los crímenes se esclarezcan, que las desapariciones se investiguen con eficacia y que estudiar, salir con amigos o regresar a casa no implique exponerse a una violencia que ha terminado por instalarse en la vida cotidiana de Morelos.

