Borrar la memoria: retiran fotos de desaparecidos del “Árbol de la Esperanza” en Plaza de Armas de Villahermosa
Villahermosa, Tabasco.- La Plaza de Armas de la ciudad de Villahermosa amaneció este sábado con un vacío que duele más que la ausencia física. El “Árbol de la Esperanza”, convertido en memorial ciudadano por el colectivo de madres buscadoras de Tabasco apenas en este año, fue despojado de las fichas de búsqueda que durante meses le dieron rostro y nombre a decenas de personas desaparecidas en el estado. Las imágenes, colocadas una a una por mujeres que cargan la incertidumbre como rutina, fueron retiradas sin aviso previo, sin explicación oficial y sin considerar que ese árbol dejó de ser ornato para volverse el único espacio público donde el dolor tiene permiso de existir. El retiro no solo eliminó papel y plástico de un tronco: interrumpió el único diálogo que muchas familias sostienen con una ciudad que parece preferir mirar hacia otro lado cuando se habla de desapariciones.
Para el colectivo, el acto trasciende lo administrativo y se instala en el terreno de lo simbólico y lo político. Dulce María Manzera Sánchez, una de las madres que integra el grupo, señaló que pese al agravio volverán a colocar cada ficha en el árbol, porque renunciar al espacio significaría concederle a la indiferencia la última palabra. La insistencia de las cuatro integrantes que acudieron a reinstalar las fotografías revela una lógica que las autoridades aún no terminan de comprender: la memoria no se regula por oficio ni se archiva por comodidad institucional. Cada ficha es una denuncia que no ha encontrado cauce en las dependencias encargadas de buscar y localizar, y cada vez que se quita de la vista pública, el mensaje que reciben las familias es que su exigencia incomoda más que la propia crisis de desapariciones que atraviesa Tabasco. El “Árbol de la Esperanza” no es una instalación artística ni un asunto de imagen urbana; es una interpelación directa al Estado y a la sociedad, y retirarlo sin ofrecer alternativas equivale a responder con silencio donde debería haber búsqueda, reparación y justicia.
La reinstalación inmediata de las imágenes por parte del colectivo deja claro que la memoria, cuando nace del dolor, no pide permiso para ocupar el espacio público. Sin embargo, el episodio obliga a preguntar quién ordenó el retiro, bajo qué criterio y por qué no se ha construido, junto con las familias, un memorial digno, permanente y respetado que no dependa de la tolerancia de una administración en turno. Mientras las oficinas debaten competencias y protocolos, las madres siguen haciendo el trabajo de visibilizar a sus hijos en plazas, árboles y bardas, supliendo con voluntad las omisiones del aparato institucional. Respetar el “Árbol de la Esperanza” no es un acto de cortesía hacia un colectivo: es el mínimo reconocimiento de que en Tabasco hay familias que llevan años esperando una respuesta, y que borrar sus rostros del espacio público no borra la deuda que el Estado mantiene con ellas.
Corresponsal. *R.M*

