Política

Soldados armados de EE.UU. ingresan a México con aval del Senado: cooperación militar o cesión silenciosa de soberanía

Mientras el discurso oficial insiste en la defensa irrestricta de la soberanía, 12 militares de Estados Unidos ingresaron formalmente a territorio mexicano con su armamento, tras la autorización del Senado y la publicación del decreto en el Diario Oficial de la Federación.

La misión, que se extenderá hasta el 15 de julio de 2026, contempla actividades en instalaciones militares del Estado de México y Quintana Roo. No se trata de observadores ni asesores civiles: son elementos del 7/o Grupo de Operaciones Especiales del Comando de Operaciones Especiales Norte de Estados Unidos, una unidad élite entrenada para operaciones tácticas de alta complejidad.

El ejercicio, denominado “Capacitación MEXSOF (Defensa)”, forma parte del Evento No. SOF1 y permitirá a los militares estadounidenses ingresar al país armados y trasladarse en una aeronave de la Fuerza Aérea de su nación. Todo bajo el paraguas de la cooperación bilateral.

El gobierno lo presenta como un intercambio técnico para fortalecer capacidades operativas de las fuerzas especiales mexicanas. Sin embargo, la presencia de personal armado extranjero en territorio nacional vuelve a abrir un debate incómodo: ¿hasta dónde llega la cooperación y dónde comienza la dependencia?

La autorización legislativa no elimina la dimensión política del hecho. México permite el ingreso de una unidad de élite extranjera con armas, en un contexto de violencia desbordada y presión constante de Washington para endurecer acciones contra el crimen organizado.

Mientras en el discurso público se cuestiona cualquier intervención externa, en los hechos se consolida una colaboración militar profunda y de largo plazo. La capacitación concluirá en 2026, pero el mensaje ya está dado: en materia de seguridad, la línea entre cooperación y subordinación se vuelve cada vez más delgada