Fuera de la Caja
Cierre del año
Macario Schettino | @macariomx
Hoy se publicará el dato oportuno del PIB al cierre de 2025, que seguramente conocerá usted incluso antes de leer este artículo. También se entrega el informe de finanzas públicas, pero eso suele ocurrir en la tarde. Esta información nos permitirá tener una mejor idea de la dirección de la economía, que, como usted sabe, no parece la mejor.
Varios indicadores parecen haber tocado fondo en el último trimestre del año, lo que no es tanto consuelo, considerando que la caída inició justo un año antes, y eso implica que puede ser simple artificio estadístico. No tuvimos una recesión declarada en 2025 gracias al comercio exterior, que tuvo un comportamiento muy extraño, producto de las acciones de Trump, pero también de una demanda inusual a los productores de aparatos electrónicos y de telecomunicaciones que alcanzaron a compensar la caída de la industria automotriz.
En 2025 tuvimos un superávit comercial, sin petróleo, por más de 25 mil millones de dólares, frente a sólo tres mil el año anterior. Ese gran salto, 22 mil millones de dólares, sólo es comparable con el ocurrido en 1995. Cuando la economía cae, la balanza comercial mejora. El superávit comercial ocurre porque dejamos de importar, y lo hacemos porque no tenemos dinero. En 2025, las exportaciones no petroleras crecieron casi 56 mil millones de dólares, mientras que las importaciones lo hicieron en sólo 33 mil. Pero las importaciones de bienes intermedios, que se usan para producir para el mercado interno y para exportar, lo hicieron en 36 mil millones. Esto significa que el resto se contrajo. Las importaciones de bienes de consumo crecieron en dos mil, mientras que las de bienes de capital se redujeron en cinco mil.
Aunque desde la segunda década de este siglo tenemos una balanza comercial positiva, aun creciendo, los grandes movimientos sólo ocurren con contracciones internas: en 2009, en 2019 y 2020, y en 2025, lo más espectacular. Como el año pasado fue muy extraño globalmente, este comportamiento del comercio exterior puede ocurrir con un pequeño crecimiento del PIB.
En este 2026 seguramente tendremos más cosas extrañas en el mundo. No se descarta violencia en Irán, tal vez este fin de semana, tal vez cuando usted lea estas líneas. El desajuste del bloque totalitario asiático que eso implicará será complicado, más cuando Rusia se ha desangrado en una invasión absurda, y cuando Xi, en China, acaba de purgar una vez más al Ejército Popular Chino, literalmente descabezándolo.
Nosotros estaremos negociando el T-MEC, cuya revisión ya ha iniciado, y todo indica que tendremos que hacerlo año tras año, al menos en el tiempo que esté Trump en la presidencia. En otros tiempos, eso permitiría fijar 2028 como referencia, pero ahora no es posible. Tanto puede perder abrumadoramente la elección este noviembre y, como dicen, no cargará los peregrinos, como puede afianzarse al grado de imponerse por un tercer periodo. Como tantas veces hemos dicho, eso es la incertidumbre: la incapacidad de siquiera poder construir escenarios con alguna probabilidad.
Por el lado de las finanzas públicas, creo que todos estamos atentos a cómo cierre el déficit. Hacienda anunció, en la entrega del paquete económico, que ya no cumpliría la meta de 3.9% del PIB, y que cerraría el año con 4.3%. Eso coincide con un alza en el diferencial de tasas de interés de bonos de largo plazo (10 años) entre México y Estados Unidos, que puede ser la razón por la cual el dólar se fue a 17.30 en lugar de 18. El movimiento de 20 a 18 se lo debemos a Trump, que desde el Liberation Day ha depreciado al dólar en 10%. Pero tampoco en esto hay claridad, y por eso ve usted el alza del oro y la plata, y los ocasionales ajustes, como el de ayer, que duran apenas unas pocas horas. Un mundo incierto y volátil, una economía débil y en deterioro. Es lo que hay.
Este artículo se publicó originalmente en El Financiero, se reproduce con la autorización del autor.

