Columnistas

Política de principios

Época de las pasiones tristes

Juan José Rodríguez Prats | @rodriguezprats

Las máscaras podridas que dividen al hombre de los hombres, al hombre de sí mismo / Octavio Paz

México sí tuvo una transición, pasó de ser la dictadura perfecta (como la definió Mario Vargas Llosa) a la dictadura imperfecta que estamos constatando hoy en día. Hemos afirmado en este espacio las cualidades que tuvo el sistema político engendrado por la Revolución Mexicana. Destaca la continuidad maquillada del Porfiriato, que por algo duró varias décadas. El viejo PRI tuvo un discurso político. La 4T carece de ideas básicas que le permitan transmitir un mensaje. El desprestigio de la política es paralelo al grave deterioro de la palabra como principal instrumento de entendimiento.

Hay consenso en considerar el discurso del primer ministro Mark Carney como un elocuente llamado a la reconsideración de las relaciones internacionales. Desde el inicio calificó su intervención como un derecho, pero también como un deber. Los gobernantes tienen la obligación de orientar, lástima que en nuestro caso no se aproveche esa tribuna. Para convencer, hay que ocupar todos los podios, sobre todo los más encumbrados por su repercusión. El mejor ejemplo es el Sermón de la montaña.

Como tarea de aprendizaje, analicemos lo dicho por el estadista canadiense. Lo más relevante es que dijo la verdad. Como bien señaló, enfrentamos el dilema de estar en la mesa o ser parte del menú. A lo largo del discurso hay una profunda reflexión, con ideas que trascienden, que no pueden desprenderse de los hechos. Los conceptos de Carney han sido citados reiteradamente, prueba de que fue eficaz. Un texto es útil en la medida en que es recordado.

No se puede improvisar impunemente. Nunca hablar si no se sabe qué decir. Desde hace algunos años nuestros servidores públicos abusan de las declaraciones. No se es buen orador hablando mucho, a los grandes tribunos se les recuerda por escasas, pero memorables intervenciones. Dosificar el protagonismo es una recomendación atendible.

Desde siempre se ha sostenido que el honor se respalda con entereza, no con ambigüedades ni ambivalencias. Por eso es imprescindible que la autenticidad sea percibida. Al ministro canadiense, sin estridencias, se le vio confiable, seguro. Su discurso, veraz, resiste el cotejo con la realidad. La congruencia es la virtud de la política por un elemental compromiso con quienes escuchan. Fue valiente, decir las cosas por su nombre y con claridad exige no tener miedo para asumir los retos. Lo más importante: fue una participación alentadora, no conformista ni resignada ante situaciones adversas. Reconforta confirmar que siempre es posible exponer ideas creíbles y que motiven la acción.

El mundo y nuestro país viven tiempos adversos. Utilicé palabras del papa Francisco para titular este artículo y los versos de Octavio Paz para condenar la incomunicación que padecemos. 2026 nos va a definir. Los presagios son alarmantes en todos los órdenes. Si no nos esmeramos en enaltecer nuestra capacidad de deliberación, nuestra vida será cada vez más incivilizada. Urge la reconciliación. Esa ha sido la tarea de los próceres en todas las naciones.

La reunión anual en Davos se ha venido acreditando como un foro que, en su pluralismo, renueva la esperanza de encontrar soluciones. Su fundador, Klaus Schwab, desde 1971 y hasta la fecha, se declara asombrado de su exitosa evolución. La primera condición ha sido un gran respeto a las opiniones externadas. Donald Trump ya enfrenta las consecuencias de sus expresiones hacia algunos de los expositores.

Hay otras aportaciones dignas de destacar. Anoto una más: fijar la agenda. Atrapados en dimes y diretes, estamos perdiendo un tiempo valiosísimo en temas no prioritarios. Estamos ventilando querellas de viejo cuño, diluyendo lo sustancial. Un claro síntoma son los cambios a nuestra Carta Magna que debería ser el más respetado y respetable de nuestros principios.

Con todo y la inicial reflexión, sostengo que aún es tiempo de evitar el colapso.

Este artículo se publicó originalmente en Excélsior, se reproduce con la autorización del autor.

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