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Jueves, 07 Febrero 2019 16:04

López Obrador y el valor de la palabra Destacado

Escrito por Mayra Jazbeth Martínez Pérez | @mayraveracruz
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02072019 Estancias Infantiles

Siendo niña, de esto que digo hace apenas unos cuantos ayeres, mi abuelo Espiridión Martínez, un campesino que apenas terminó el segundo año de primaria pero que me sorprendía y me sigue sorprendiendo por su filosofía de vida, simple y a la vez profunda, me dio una de sus muchas lecciones que me marcaron para siempre y que nunca he de olvidar. Fue sobre el valor de la palabra, algo que en el correr del tiempo, y más en esta era digital, se ha vuelto un bien cada día más devaluado.

Corría el año de 1984 y yo estaba de vacaciones con mi familia tabasqueña en casa de la tía-abuela Rosenda, en Macuspana, una construcción con paredes altas, techos de teja francesa y amplios corredores con mecedoras de mimbre para tomar el “fresco” de la tarde. La reunión familiar, conocida como “la hora de la bebida”, comenzaba hacia las 5 de la tarde, un par de horas después de la siesta que exigía el cuerpo después de comer frijol con puerco, tamales de chipilín o puchero, verdaderos placeres gastronómicos que a 36 grados de temperatura ambiente promedio todo el año, sólo pueden digerirse en el reposo absoluto.

Una de esas tardes en las que las Cleo de la familia paterna corrían de la cocina a los corredores llevando tamales de elote tierno, panes, merengues y pasteles de hojaldre, a la vez que servían café o chocolate caliente y cuidaban que los adultos no trastabillaran con las pelotas y otros juguetes que habían regado en el piso los más pequeños, llegó el abuelo para invitarnos a su rancho, pues ese fin de semana iba a realizarse la fiesta de la ermita de la Asunción de María, patrona del pueblo de Tepetitán. La casa del abuelo estaba en un lugar conocido como El Pucté, a orillas del río que lleva el nombre del lugar donde nació Andrés Manuel López Obrador, que para entonces no era el “hijo predilecto del pueblo” que es hoy. Creo suponer, por el año en que ocurrieron las cosas que aquí narro, que el hoy presidente estaba refugiado en la Ciudad de México, en el ostracismo político, después que fuera despedido como dirigente del PRI por el gobernador Enrique González Pedrero.

Volviendo a Tepetitán, las tías, las tías abuelas y las primas mayores, prepararon sus mejores galas para participar de las ceremonias religiosas, el rosario que trajo la prima Pamela del Vaticano o el cuadro de la Virgen María bendecido por el mismísimo Juan Pablo Segundo en su primera visita a nuestro país, en 1979.  El sábado, poco después del desayuno, supe que los niños tenían que irse al río, al campo de béisbol o al parque, porque el abuelo Espiridión había organizado en el patio de la casa una reunión con campesinos, pequeños propietarios y ejidatarios de la zona.

El bullicio de los caballos y de los hombres con sombrero, hicieron aflorar mi curiosidad, así que decidí quedarme en la cocina, donde otras Cleo preparaban grandes cantidades de pozol, una refrescante bebida de maíz y cacao para los invitados. Según pude ir entendiendo de a poco, la reunión era para pedirle a algunos campesinos que pagaran el “crédito ganadero a la palabra” que les había otorgado el gobierno del estado. Los morosos, lanzaban cualquier clase de pretextos. Que había llovido mucho. Que la seca fue terrible. Que las vacas no se preñaron. A cada uno, otros le reclamaban: pero con todo y la pérdida que sólo tú tuviste, tienes producción y hay que pagar.

Después me enteré que el “crédito a la palabra” es el antecedente de las “Tandas para el Bienestar” que López Obrador ha anunciado que entregará a productores y pequeños empresarios. La idea en 1984 y ahora, es que un grupo o persona recibe un recurso (dinero o vacas) sin más trámite o papel que su propia palabra, es decir, sin necesidad de dejar en garantía una casa o un automóvil, como ocurre con los bancos o con los prestamistas. Eso sí, el éxito del programa radica en que los primeros beneficiarios vayan pagando, porque al multiplicar las vacas, como los panes, éstas se pueden entregar en otro crédito a un diferente grupo.

Los ánimos se fueron calentando y para el mediodía, había en esa asamblea campesina quien pensaba que “las palabras se las lleva el viento” y que no había ningún papel para hacer exigible el cobro. “¿Qué nos va a pasar si no pagamos? Las vacas ya están marcadas con nuestros fierros, son nuestras, y al gobierno podemos decirle cualquier cosa”. Fue entonces cuando habló el abuelo. Palabras más, palabras menos, dijo: “Si no le damos valor a los compromisos que hacemos, si decimos un día una cosa y al siguiente otra, si no valoramos lo que vale nuestra palabra, podemos ser dueños de estas vacas, pero habremos perdido la dignidad”.

Ya no supe si todos pagaron, pero el abuelo fue a Villahermosa a entrevistarse con los funcionarios de gobierno para decirle que pasaran por un puñado de vacas, las mismas que recibió dos años antes, porque él sí iba a pagar su “crédito a la palabra”. A mí me dijo después: “si tu palabra no vale, tú eres la que no vale nada”. Esta historia larguísima la traigo a colación de que estuve en el zócalo de la capital de la república hace dos noches, y me encontré con la protesta de maestras de las Estancias Infantiles, el programa de la extinta Sedesol que el gobierno de López Obrador quiere desaparecer porque considera que era otro foco de corrupción.

Rosario, una maestra oaxaqueña, se acercó y me mostró un video en el celular. Observo a López Obrador hablar ahí mismo, en el zócalo, después de tomar protesta como presidente. “Se mantendrán las estancias infantiles de la antigua Sedesol y se regularizarán los CENDIS promovidos por el Partido del Trabajo; ambos programas tendrán recursos garantizados en el presupuesto”.

–Yo voté por él y me decepciona que no cumpla con lo que dijo, que no entienda el valor que tienen para nosotros sus palabras, me dijo Rosario, quien cree con fe ciega, que al PT sí le va a cumplir el gobierno. Yo creo, como Don Espiridión, que uno no puede ir por la vida dándole la espalda a sus compromisos y devaluando su propia palabra.

Este artículo fue publicado originalmente en SDPNoticias… en el link: https://goo.gl/AsZGnL, se reproduce con la autorización del autor.

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