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AMLO reivindica su mesianismo

Creado: Martes, 13 Noviembre 2018 13:50

11132018 Editorial

Cuestionado sobre lo que desea para su cumpleaños número 65, este martes 13 de noviembre, Andrés Manuel López Obrador confió en que goce por lo menos de seis años más para cumplir con la responsabilidad para la que fue electo. 

El presidente electo le pidió “a la naturaleza, al creador o a la suerte” que le dé cuando menos seis años más de vida para llevar a cabo la transformación del país. Y en tono completamente místico dijo ayer: “Yo ya no me pertenezco, estoy al servicio de la nación, soy un hombre de nación. Entonces tengo que cumplirle al pueblo de México, mi amo es el pueblo de México, es mi responsabilidad no fallarle y no le voy a fallar.”

Frase en la que coincidió con una semejante a la que hiciera Hugo Chávez según nos recuerda el agudo periodista Marco Levario Turcott, “Yo no soy Chávez, yo no me pertenezco, yo le pertenezco al pueblo de Venezuela". 13 de febrero de 2009.

En medio de héroes y villanos históricos, del bien y el mal, del pueblo y la mafia del poder, entre muchas otras dicotomías que no sirven para explicar la realidad, Andrés Manuel López Obrador ha hecho de sí mismo el invento de un ídolo que salvará a la nación de todo mal.

Sus detractores han caído no pocas veces en la trampa del simplismo, cambiando la narrativa y afirmando que es él el verdadero villano. Error craso que no hace más que fortalecer las intenciones del hombre que ha seguido la máxima “que hablen de ti, para bien o para mal”. Cuando consigue que se le preste atención, AMLO contribuye a hacer de sí mismo un ícono, una marca de la cual está prohibido desconfiar.

Allí está su fragilidad: se trata de un vaso sin agua, pura forma, nada de fondo, su mayor plataforma se sustenta en la mística:  Moisés Naím, en una columna de opinión aparecida recientemente en El País señala que Bolsonaro y López Obrador han tocado una vieja fibra latinoamericana asociada a la búsqueda del proverbial hombre fuerte que lucha contra la corrupción, los criminales y le de esperanza a sociedades traumatizadas por terribles niveles de corrupción. Y así ambos deliberadamente se han construido como candidatos “antisistema” que aprovechan la coyuntura de hartazgo de los votantes que piden “que se vayan todos”.

La oferta es sugerente  e inmediata celebrarse como el mesías redentor del pueblo, lo que en nuestro tiempo vende más votos que hablar de instituciones que limitan el poder presidencial y protegen al ciudadano, “independientemente de quien sea el presidente”, diagnostica Naím, preocupado por lo que ocurre en México y Brasil.